Manu Sánchez. Humorista

"De chico quería ser payaso o presidente del Gobierno, al final escogí lo más digno"

  • El monologuista presenta mañana en el Villamarta, a las 21 horas, su espectáculo 'El Rey Solo' con un guión reestructurado completamente tras la abdicación de Juan Carlos I

-'El Rey Solo. Mi reino por un puchero', se llama su obra ¿Cree que Juan Carlos ha dejado su reino por un puchero?

-Todavía no he tenido ocasión de hablar con mi compadre, pero lo que sí es verdad es la abdicación nos pone a huevo un montón de cosas, a ti la pregunta y a nosotros el reestreno del espectáculo. En esta semana estamos reescribiendo la obra, adaptándola a la situación real, ya que originalmente trataba dos cosas. La primera es cuando alguien se emancipa, cuando deja de estar en casa de papá y mamá y tiene que enfrentarse a la vida solito; y lo otro es la actualidad, esa situación de la Monarquíaque yo tocaba desde la cercanía, porque en el espectáculo, efectivamente, Juan Carlos es mi compadre. .

-¿Cuánto ha cambiado la obra desde la abdicación?

-Eso es lo que va a poder ver el público en Jerez por primera vez. Ahora mismo, el espectáculo empieza con que el Rey abdica en mí, por lo que estamos pendientes a todo movimiento que da la Monarquía con el texto encima de la mesa. Podemos decir que estrenamos espectáculo nuevo, o al menos una adaptación total porque el Rey Solo es diferente a partir de lo que ha pasado. Me hace mucha ilusión que sea en Jerez porque lo conozco personal y profesionalmente y le tengo mucho cariño a las tablas del Villamarta.

-Parece un trabajo casi periodístico.

-Creo que es una de las cosas que más nos caracteriza. Me dedico al humor, pero una de mis pasiones es el periodismo, que es lo que estudio ahora mismo tras terminar Ingeniería de Telecomunicaciones. Siempre hemos querido tener rigurosidad periodística, y una vez conseguida, sacarle punta o la broma a la realidad, meter el dedito en la llaga. Creo que es la obligación de quien se dedica al humor en estos tiempos, poner incómodo al poder, ya que hacer reír al poder te convierte en bufón.

-Es un andaluz aventajado, con casi 29 años y no le falta el trabajo.

-No quiero pensar que estar trabajando con mi edad sea de aventajado, pero me temo que sí. La verdad es que yo no me esperaba dedicarme a esto ni convertirlo en un trabajo. Para mí el monólogo y escribir eran un hobby, como para mucha gente que se sienta delante del folio o que aprende a tocar la guitarra, pero las cosas vinieron dadas y con 17 o 18 años empecé a ganar dinero con un hobby que me permitía pagarme la carrera y ayudar en casa. Me abrieron de par en par las puertas de la tele y aquella pelota se fue haciendo cada vez más grande. Obviamente mi vocación, que es el periodismo, y lo que me encanta hacer, que es el humor, se unieron en Manu Sánchez y a día de hoy todo gira en torno a eso.

-¿Dónde se veía Manu Sánchez si no era haciendo humor?

-Por supuesto que me veía haciendo humor, lo que no sé es si me veía haciéndolo profesionalmente. En principio, por las decisiones que tomé, hubiera sido un ingeniero en telecomunicaciones que hacía muchas bromas en las reuniones. Dice mi madre que cuando me preguntaban de chico que qué quería ser de mayor yo decía que payaso o presidente del Gobierno, al final menos mal que escogí la profesión más digna.

-¿Es el humor el mejor instrumento de crítica?

-A mí me parece que sí. Creo que hay una filósofa del siglo XX nada reconocida llamada Mary Poppins y que decía aquello de 'Con un poco de azúcar, esa píldora que os dan entrará mucho mejor'. Efectivamente, ese azúcar es el humor y gracias a esa vaselina entra mejor la crítica, porque al final es un ejercicio de ingenio que si te sale bien incluso cala más hondo y es más efectiva. Hay que evitar que se convierta en burda o facilona.

-¿El público agradece reírse en época de crisis?

-Yo quiero pensar que sí, que de hecho la gente siempre agradece reírse, aunque también se piensa muy mucho dónde se gasta un euro, por eso decidimos darle un salto de calidad a lo que hacíamos encima del escenario. Podíamos habernos conformado con vender solo mi nombre, pero fuimos más allá. Creo que vienen a ver un espectáculo que está mucho más allá del monólogo de banqueta alta y foco fijo, que no valoro si es mejor o peor, pero tiene más curro y es muy teatral y esperamos que la gente lo disfrute.

-¿Cómo se ponen las barreras a una broma para que no termine hiriendo?

-Supongo que con sensibilidades personales y con la decisión de a quién quieres arañar. Yo nunca le pondría barreras al humor ni a la libertad de expresión, ¿eh? Creo que todo se puede decir pero con consecuencias, claro. Tú puedes basar tu carrera en hacer chistes de Lepe, pero igual eso te cierra las puertas de Lepe. Eso pasa cuando hacen bromas sobre Andalucía. Usted puede hacer la broma que quiera, pero yo puedo responderle con lo que me de la gana. Saque su espada de esgrima que yo también saco la mía, ¡y vamos a jugar un ratito al humor! Espaditas, pero de las que se doblan, tampoco vamos a armar un drama.

-Twitter se presta mucho a estas 'luchas', por ejemplo.

-Twitter es muy rápido, muy inmediato. Hay un ejercicio de ingenio tremendo, pero también juega con una cosa que a mí no me gusta nada, como es el anonimato. Con eso hay gente que saca la espada de punta y no la de esgrima, cosas que no se atreverían si dieran la cara.

-¿Se ve triunfando en el cine, como Dani Rovira, otro conocido monologuista?

-La verdad es que ni lo descarto ni lo me lo planteo. Tendríamos que ver con qué proyecto, si nos llega, si es propio, si nos gusta... Me alegro mucho del éxito de Dani Rovira y de un proyecto español, que todo lo que suene a éxito le viene muy bien y nos hace pensar que podemos tener una industria fuerte del espectáculo y del entretenimiento en España.

-¿Se acuerda de cuál ha sido su peor chiste?

-¡No he contado nunca un chiste, tiene cojones! Le tengo mucho respeto, es un género para mí muy complicado. Tengo admiración absoluta por la gente que cuenta los chistes, en Jerez me parece que hay gente que los cuenta pa' morirse. Me puede demasiado con esa obligación de que al final tenga que haber un 'chin pum' perfecto. ¡Larga vida al chiste!

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