Rafael Padilla ingresa en la Real Academia de San Dionisio de Jerez
El catedrático de Derecho Mercantil pronunció el discurso 'Verdad y fe en el mundo de hoy'.
"Vivimos en un mundo que alaba el diálogo como nunca y lo practica tan poco como siempre", destacó.
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La Real Academia de San Dionisio de Jerez de la Frontera vivía este pasado martes 10 de marzo una nueva jornada de especial relevancia institucional con la celebración de la sesión solemne en la que Rafael Padilla González pronunció su discurso de ingreso como académico correspondiente por la provincia de Cádiz.
El acto contó con la presentación del nuevo académico a cargo de José Luis García Ruiz, catedrático de Derecho Constitucional y académico numerario de esta institución.
Bajo el título 'Verdad y fe en el mundo de hoy', la disertación del nuevo académico abordó uno de los debates filosóficos y culturales más presentes en la sociedad contemporánea: la crisis de la verdad en el contexto del pensamiento relativista y su relación con la fe cristiana.
Padilla González inició su intervención mostrando su agradecimiento a la corporación académica por su incorporación, a la que definió como "una institución señera, prestigiosa y necesaria, nacida de un esfuerzo destacado por el saber, el intercambio de ideas y la cultura".
En un tono cercano y agradecido, subrayó también el valor del diálogo intelectual, recordando que vivimos "en un mundo que alaba el diálogo como nunca, y que lo practica tan poco como siempre".
El nuevo académico expresó asimismo el honor que suponía para él formar parte de la corporación y reencontrarse en ella "con tantos y tan buenos amigos de los que uno conoce su enorme".
Desde el inicio de su intervención, Padilla González situó el núcleo de su reflexión en torno a la noción de verdad, una cuestión que —según señaló— trasciende el ámbito estrictamente filosófico y afecta de manera directa a la vida cotidiana. Recordó en este sentido que "el auténtico problema es el problema de la verdad», citando a Joseph Ratzinger antes de su pontificado, y explicó que su propósito no era ofrecer respuestas definitivas, sino "describir los términos del problema y llamar la atención sobre un fenómeno que, siendo crucial en el momento presente, suele ocultarse en palabras tan hermosas y atrayentes como falsas".
El nuevo académico evocó la conocida pregunta que Pilatos dirige a Jesús en el Evangelio de Juan —"¿Qué es la verdad?"— como una cuestión central sobre la que se ha construido buena parte del pensamiento ético y filosófico. A su juicio, la diferencia fundamental con otras épocas es que hoy se ha debilitado el propio intento de buscar una respuesta, en un contexto cultural dominado por la posmodernidad y por una nueva racionalidad marcada por el relativismo.
Según expuso, tras los fracasos históricos de una razón desligada de la fe, "el hombre posmoderno, hastiado, hedonista y consumista, se nos ha vuelto relativista y escéptico", inclinándose por un pensamiento débil que evita compromisos firmes con la verdad. Recordó también la definición que Umberto Eco hacía de nuestro tiempo como "la época del feeling", caracterizada por la prevalencia del sentimiento sobre la verdad y por una cultura dominada por impresiones e impactos emocionales.
En este contexto, Padilla González sostuvo que "es precisamente en la concepción de la verdad y de la razón donde con mayor fuerza se deja sentir la crisis del mundo actual", señalando que en la cultura contemporánea se insiste en que no existen verdades absolutas y que la razón debe conformarse con verdades "parciales, fragmentarias, mutables y temporalmente útiles".
Ante esta situación, el conferenciante explicó que los cristianos se veían situados en una tensión inevitable, ya que la fe no puede renunciar a la razón ni a la búsqueda de la verdad plena. Recordó en este sentido las palabras de Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio, subrayando que "el cristiano, aun en un tiempo claramente hostil, no puede silenciar el anuncio de la verdad", convencido de que la necesidad más profunda del ser humano es saciar su hambre de verdad.
A partir de esta premisa, el discurso abordó el fenómeno del relativismo, al que el nuevo académico definió como una posición filosófica que entiende la verdad en términos relativos, dependientes del contexto o del punto de vista. Según explicó, el relativismo adopta hoy múltiples formas y denominaciones —pensamiento débil, posiluminismo, deconstructivismo o pensamiento sin fundamento—, aunque todas coincidían en un mismo mensaje: la negación de valores universales y de una verdad objetiva.
Padilla González repasó igualmente las raíces históricas de esta corriente, recordando su presencia desde los inicios de la filosofía occidental, con autores como Protágoras o Pirrón, así como su evolución posterior en pensadores modernos y contemporáneos. Especial relevancia atribuyó a la influencia de Hegel, Nietzsche o Dilthey en la configuración del relativismo del siglo XX, citando la conocida afirmación de Nietzsche según la cual "no hay hechos, sino interpretaciones".
El conferenciante distinguió además diversas manifestaciones del relativismo en la cultura contemporánea —gnoseológico, cultural y moral, lingüístico o incluso científico— y señaló algunas de sus características principales, entre ellas la idea de que el conocimiento depende del contexto, que la verdad está condicionada por la cultura o que todas las interpretaciones del mundo pueden considerarse igualmente válidas.
En su análisis crítico, advirtió de los riesgos de esta postura cuando conduce a una subjetividad absoluta que elimina el debate racional y diluye la noción misma de moral. «Si el juicio de una conducta concreta depende de cada época y de cada individuo, estamos muy cerca del subjetivismo», señaló, una actitud que termina por hacer imposible la construcción de una moral compartida.
En ese sentido, afirmó que relativismo y subjetivismo, aunque distintos en su formulación, comparten un peligro común: cuestionar la existencia de reglas generales que permitan ordenar la convivencia humana. El nuevo académico recordó además una crítica clásica al relativismo desde el punto de vista lógico: si se afirma que toda verdad es relativa, esa afirmación también debería serlo, lo que conduciría a una contradicción interna.
Particularmente crítico se mostró con quienes defendían simultáneamente el relativismo y los derechos humanos universales. A su juicio, "no hay manera de conciliar ambas posturas", ya que la defensa de los derechos fundamentales presupone necesariamente la existencia de una verdad moral objetiva que los sustente.
También reflexionó Padilla en su intervención sobre el desafío que el relativismo planteaba para la fe cristiana y sobre la necesidad de recuperar la confianza en la razón como instrumento capaz de aproximarse a la verdad objetiva. Apoyándose en textos de Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV, defendió una razón humilde pero abierta a plantearse las grandes cuestiones de la existencia humana.
Finalizado el discurso de ingreso, Rafael Padilla González recibió la medalla acreditativa como académico correspondiente de manos de Juan Salido Freyre, presidente de la Real Academia San Dionisio, quien puso así el broche final a la sesión solemne celebrada en la sede de la corporación.
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