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"La realidad es mucho más desagradable que mi novela"

  • El sevillano Manuel Barea publica 'Vertedero', su primer libro que ve la luz y la obra con la que ganó el Premio Valencia de Novela Negra

"¿Seguro? ¿Pero habéis mirado bien?". La mañana del pasado 5 de diciembre, cuando recibió la llamada de la jefa de prensa de la Diputación de Valencia para anunciarle que él era el ganador y que un rato después lo llamaría su jefa para comunicárselo oficialmente, a Manuel Barea le costó dar crédito a la noticia. También, en un primer momento, les costó creer a los miembros del jurado que decidieron conceder por unanimidad el Premio Valencia de Novela Negra en su primera edición a Vertedero que su autor tuviera tan sólo 24 años. Lo imaginaban joven, pero no tanto, confesó su portavoz. La sorpresa aumentó cuando supieron que se trataba de su primera novela. "Luego colgué y grité. Y después llamé a mi padre, que me había ayudado tanto con las correcciones...", recuerda ahora este recién licenciado en el doble grado en Humanidades y Traducción e Interpretación de la Universidad Pablo de Olavide, que está a punto de sumergirse en su tesis (sobre el papel de los intérpretes en el avispero del conflicto palestino-israelí) y cuya novela ha llegado recientemente a las librerías editada por Lengua de Trapo.

Novela que en realidad es la segunda, aunque la otra nunca llegara -ni llegará- a ver la luz. "La primera la escribí cuando tenía, no sé, 20 años. En plan a ver si puedo escribir una novela. Nada más terminarla, con todo el subidón, la mandé a una editorial. Tardaron un año y medio en responderme, para decirme que no la iban a publicar, y entonces volví a la novela, la leí y lo entendí. Había que rehacerla entera, no estaba bien. Era un ejercicio y en eso se ha quedado, iba de gente joven que sale de la carrera y no sabe qué hacer con su vida, lo típico... Esa novela no iba a ninguna parte, no me quedé contento con ella como sí me quedé con Vertedero", dice Barea, que narra en este libro una historia de gente corriente superada por las circunstancias -las de un barrio endémicamente deprimido y rematado por la crisis-, tres pobres diablos que tras decidir dar un palo en una residencia de veraneo supuestamente deshabitada constatarán por primera vez -en las páginas de la novela, porque sus vidas, eso queda claro, jamás fueron fáciles- un mantra dolorosamente elocuente: "Todo lo que puede salir mal saldrá mal".

A un ritmo y una estructura de raíces muy cinematográficas -"me encanta el cine, al mismo nivel que la literatura, y me lo trago todo", dice-, al oído, a la capacidad de observación del entorno y la destreza en la creación de personajes en ocasiones con un aire a los Coen -esos matones en chanclas y chándal de la Guardia Civil...- si los Coen rodaran un thriller tragicómico en tascas del litoral gaditano que no vienen en las guías turísticas, Barea añade argumentos meramente literarios en abundancia: nervio en la escritura, varios registros, distintos estilos (para distintas voces)... No extraña, en fin, el asombro del jurado después de conocer su edad, ni que la editorial lo califique como un narrador "sorprendentemente maduro".

-Lo suyo es como para recuperar la fe en los premios, ¿no?

-Pues sí, la verdad. Era la primera edición y por eso me presenté, porque pensé que no estaría... manipulado. Que a lo mejor la mayoría de los premios son superlimpios, pero la impresión que tiene uno desde fuera es que muchos están dados desde el principio. Tuve dudas porque la novela no es negra cien por cien, y no sabía cuánto iba a importar eso. Me vino bien tener un plazo, parece que lo necesito para acabar cuando escribo... Vi la convocatoria en enero [de 2013] y me puse. Fueron cuatro meses, dos para escribir, porque tenía la historia muy clara y noté que la cosa más o menos fluía, y dos para revisarla, que fue lo más duro.

-Me ha comentado antes que está otra vez escribiendo. Después de empezar así, ganando un premio con repercusión, publicando con un buen sello, ¿se le hace raro haberse puesto el listón tan alto nada más empezar?

-Claro, es raro... ¡Ahora qué! Estoy escribiendo a ratos, porque me resulta difícil en este momento encontrar tiempo para hacerlo, que es lo más difícil de escribir aparte de escribir en sí. Yo querría dedicarme a esto ocho horas del día o más, que fuera mi trabajo, vamos, pero ya sé que eso es imposible. Ahora estoy con el trabajo de fin de máster, que es una investigación gordísima... Pero sí, tengo varias segundas novelas en la cabeza, por lo menos tres, aunque no sé todavía cuál acabará tirando más de mí al final.

-¿Alguna de género?

-Hay una que más o menos sí, sería de misterio, rollo Hitchcock o algo así... A ver, yo no quiero escribir sólo novela negra. No me quiero encasillar nada más empezar, eso es lo malo... Al final es verdad que la segunda novela es más difícil, al menos en mi caso sí.

-¿De dónde salió Vertedero?

-Toda mi vida prácticamente, pero sobre todo los últimos años, he veraneado en la zona que aparece en la novela: Chipiona, Rota, Sanlúcar... Congenié muy bien con esos lugares, con ese ambiente. En cuanto vi la convocatoria del premio me di cuenta de que ahí había un material brutal. La idea inicial era hacer una novela negra al uso, con su detective y todas esas cosas, pero no quería que el tío se llamara... no sé, John. Quería que fuera aquí, en Andalucía, una cosa más castiza aunque esa palabra no me guste nada. También me impactó algo que leí en la prensa, una redada en Sanlúcar cuyo desenlace, bastante raro, me llamó mucho la atención. Y me paré a imaginar los motivos que pudo haber para que todo acabara así...

-¿Hubo algunas lecturas determinantes para esta novela?

-Mientras escribía estaba leyendo Drive, de James Sallis, y me marcó bastante. También No hay bestia más feroz de Bunker. No sé, muchas... Soy de los que leen nueve libros a la vez, lo cual no sé si es bueno o es malo, pero así es. En mi casa hay muchísimos libros, mi padre tiene una biblioteca impresionante y darte un paseíto por ella es peligrosísimo, porque es pararte, ver algo, sacarlo y al final llevártelo a tu cuarto. Ahora estoy con Philip K. Dick, con Vonnegut...

-Como escritor, ¿qué le interesa específicamente del género negro o criminal?

-Los personajes moralmente inestables, los protagonistas que no son los típicos buenazos sino que son egoístas y hacen las cosas por ellos mismos o por motivos que ni siquiera ellos tienen claros. Solemos quedarnos con lo anecdótico, pero el componente de denuncia social va ya de serie ahí. Chandler siempre lo tuvo, reflejó muy bien la sociedad de su época. Al final yo he hecho una cosa... frívola incluso, porque a pesar de los momentos sórdidos en la novela, sé que la realidad es mucho más desagradable. Vertedero es también un poco mi visión de lo que está ocurriendo ahora mismo, pero camuflada bajo una apariencia de thriller.

-Por eso mismo iba a preguntarle. ¿Cómo está viviendo todo lo que está pasando? El mundo que le han dejado los mayores...

-Sobre todo con incertidumbre. No sé qué va a pasar con el mundo, ni con mi vida. Y con pesimismo. Siempre piensas que todo lo que te va a pasar es malo: no voy a tener trabajo, me voy a tener que ir al extranjero sin saber si en el extranjero me va a ir bien o si voy a encontrar algo relacionado con aquello para lo que me he preparado, que esa es otra... A mí en realidad me ha ido bien hasta ahora: he ganado un premio, me han publicado, he ganado dinero con él... Mi generación es muy pesimista, pero quizás el futuro no tenga que ser así de negro. Por eso, al menos, todas las manis, todas las concentraciones, que tratan de echarlas por tierra, pero no hay otra, nos toca defender ese mundo en el que vamos a vivir. Al final no sabe uno qué hará, pero algo habrá que hacer.

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