Cultura

Un cómic reivindica la figura del "olvidado quinto beatle", el representante Brian Epstein

  • Ilustrado por Andrew C. Robinson, rinde tributo al visionario que creó el mito de los músicos de Liverpool

Cuando John Lennon anhelaba "mejores conciertos" que los de The Cavern, en Liverpool, sólo una persona se atrevió a soñar que The Beatles podrían convertirse en estrellas "más grandes que Elvis". Fue Brian Epstein, su representante, un héroe para algunos "olvidado" al que un cómic rinde homenaje. El quinto beatle. La historia de Brian Epstein (Panini Comics) recorre los años fundacionales del mito de los Fab Four desde la perspectiva de un visionario que, como subrayaría el productor y mánager de los Rolling Stones, Andrew Loog Oldham, "les dijo quiénes podían ser y les ayudó a serlo".

Otro de sus representados, el cantante Billy J. Kramer, escribe en el prólogo de esta obra que, "por mucho talento que tuvieran, The Beatles tal vez nunca hubieran salido de Liverpool de no ser por Brian". "Me entristece que se haya convertido en el hombre olvidado de la historia de The Beatles", añadió el intérprete.

"Eppy", como le llamaban cariñosamente sus "chicos", era un joven adinerado y entusiasta, que regentaba el negocio familiar, una importante tienda de discos que convirtió en la primera lanzadera del grupo, del que se quedó prendado tras verles en una de sus actuaciones en el subterráneo pub The Cavern.

Tras convencerles de sus posibilidades, dio forma al proyecto, despojándoles de su look de cuero y convirtiéndolos en cuatro chicos buenos, vestidos con trajes impolutos y bien peinados, pero orgullosamente humildes. "Es esencial que seamos de Liverpool", les hizo ver. En ello, había mucho de su pasión por los toros y por España: "La mayoría de los matadores empezaron como campesinos, campesinos cuya ambición los llevó a vestirse como reyes para cautivar a una nación", dice su personaje en un momento del cómic.

En estas páginas, se percibe el riesgo empresarial que asumió con su propio capital, en un momento en el que los grupos de rock estaban "en declive y los cuartetos de guitarra especialmente acabados", según le espetaron en las primeras audiciones de la banda.

Epstein acuñó muchos preceptos de la mercadotecnia musical, como recoge este tomo: comprar copias del seminal Love me do en tiendas de la competencia, llamar a las emisoras solicitando la canción, lanzar un sinfín de productos de merchandising (de pelucas a tarteras), y, sobre todo, cómo se gestó la negociación para aparecer en el programa de Ed Sullivan, que los catapultaría en los Estados Unidos. "América es el portal al mundo", advierte en un momento dado, un portal que los llevó a un éxito planetario, consiguiendo que la música pop, además de como negocio, se descubriera como una "forma de arte". Pero El quinto beatle es también una historia de soledad para el que fuera considerado "soltero de oro" de Reino Unido pese a gestarse, paradójicamente, sobre tantos y tantos éxitos en los que se cantaba al amor.

"Brian ya tenía al menos dos indicadores sociales en su contra: era judío y gay", recordaba Oldham, en un tiempo en el que en Reino Unido "primero los metían en la cárcel y luego en la consulta del psiquiatra". El cómic empieza con un hecho que marcará su devenir sentimental, la paliza de un marinero en una zona de flirteo homosexual. Comenzará entonces el progresivo abuso de barbitúricos que debían infundirle energía y, paulatinamente, "solucionar su otro problema", sus inclinaciones. Epstein falleció el 27 de agosto de 1967, coincidiendo con el encuentro entre los Beatles y el Maharishi Mahesh Yogi. Sólo tres años después, se produciría la disolución del cuarteto.

Bellamente ilustrada por Andrew C. Robinson, se trata de la primera novela gráfica escrita por Vivek J. Tiwary, guionista galardonado y productor de teatro, cine y televisión, que actualmente trabaja en la adaptación cinematográfica de esta historia. Pues, como diría Paul McCartney, "si alguien fue el quinto beatle, ese fue Brian".

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