Pretérito perfecto

La sillería de La Cartuja (II)

  • NOTA INTRODUCTORIA: hace dos semanas se publicó la primera parte de este artículo, indicándose que su autor era Manuel Romero Bejarano, lo cual no es del todo cierto, ya que también ha sido escrito por David Caramazana Malia, tal y como indica la cabecera de esta segunda parte. Pedimos perdón a los errores (y al señor Caramazana) por tan lamentable error.

EN la actualidad la sillería coral de la cartuja de Jerez está formada por 44 sitiales que se conservan en la iglesia del cenobio, más otro hoy expuesto en el Museo Arqueológico Municipal de Jerez. 

Cada sitial está formado por un respaldo ocupado en su mayor parte por un arco de medio punto en cuyo interior se representa a un santo de cuerpo entero en relieve. Bajo los pies del santo hay un friso en el que se repite el mismo modelo, dos querubines tenantes que sostienen con cintas un elemento central. Habitualmente este elemento es una cartela o un tondo con un busto (quizás en representación de un santo) o un instrumento de la Pasión de Cristo, aunque no faltan cabezas de león, alegorías, las Cinco Llagas o un motivo formado por tres máscaras unidas.

Flanqueando este arco de medio punto hay dos pilastras cajeadas de orden compuesto, en cuyo capitel a veces aparece una cabeza humana o animal. La caja de las pilastras se decora con un motivo de candelieri en el que no faltan frutas, máscaras, cabezas humanas, armas y cintas, motivo éste recurrente en toda la sillería. Sobre el respaldo hay un guardapolvo de sección curva decorado con un gran querubín al que acompañan nubes, cartelas, figuras musculosas, otra de las constantes de la sillería, y las ya mencionadas cintas. El guardapolvo queda sostenido por dos largas columnas abalaustradas sobre las que apoya el entablamento, que realiza un rehundimiento en los sitiales alternos. El arquitrabe presenta gotas y dentículos y la cornisa ovas y dentículos. Respecto al friso, el correspondiente a los sitiales rehundidos se resuelve por dos querubines que tiran de unas cintas que sostienen un ramo de flores y frutas. En los sitiales salientes la iconografía es mucho más variada. La escena se dispone entre dos jarrones y las referencias a la Antigüedad Clásica son continuas. Hay guerreros luchando, caballos alados, matronas sedentes, esculturas mutiladas (al estilo del Torso del Belvedere) roleos, guirnaldas, cornucopias, cartelas, caduceos, el triunfo de la Justicia, la alegoría de la música, y un carro triunfal que porta a Cupido. Una característica que se aprecia aquí y en otras figuras de la sillería es el gusto de los autores por la metamorfosis con un alto grado de fantasía. Brazos y piernas se transforman en roleos u hojas de acanto, llegándose en algunos puntos a conocer a los seres por su cabeza, ya que el resto del cuerpo es pura transformación. Sobre el entablamento hay una crestería formada por dos balaustres que enmarcan un tondo, flanqueado por dos roleos, en el que se representan, por lo general, bustos de personajes vestidos a la antigua, o a la moda, con barbas y gorros estrafalarios, mujeres ancianas, aunque también hay elementos fantásticos, alegorías y composiciones meramente ornamentales. Quizás los personajes hagan referencia a la tradición cristiana, como los profetas, o sus correlatos en el mundo pagano, como las sibilas o algunos emperadores que de un modo u otro sintieron la Fe verdadera, antes de la expansión del cristianismo.

Separando cada sitial hay un alcotor, que tiene su correspondencia en una estrecha banda de hojas de acanto en el guardapolvo. El alcotor se une al respaldar por la silueta de medio candelieri y adopta una caprichosa forma guiada por un roleo de triple inflexión que sufre una profunda metamorfosis. El extremo superior  adopta la forma de una cabeza, que puede ser de carnero, león, galgo, caballo, humana barbada y un híbrido que está compuesto por hojas de acanto con forma de rostro. El extremo inferior se transforma en una garra de león y del seno más bajo nacen unas plumas, que junto a un perno y una cinta se unen al medio candelieri, creando entre todos los elementos, una especie de celosía calada. Bajo esta zona, se dispone otra maciza, en la que la fantasía campa por sus fueros, apareciendo seres monstruosos o quiméricos que mezclan elementos antropomórficos, zoomórficos y ornamentales, como cornucopias, máscaras, cintas, roleos, flores y frutas, quedando rematada al exterior por un roleo. Bajo este cuerpo, se dispone otro liso, que en el extremo exterior se abre con una curva que queda cerrada por la zona baja de la columna abalaustrada. En la curva se sienta o recuesta una figura de bulto redondo, por lo general humana, a veces metamorfoseada en animal o planta, que parece un ensayo de los diferentes estados de ánimo, que van desde la meditación al dolor.

Respecto a las misericordias, por lo general se resuelven con una cartela que en los bordes presenta el motivo de rollwerk o cuero recortado tan típico del manierismo español. Sobre esta cartela hay una figura humana, a veces son tres, de una altura superior al del espacio que ocupa, por lo que suele aparecer arrodillada, con los brazos abiertos o con los miembros inferiores absorbidos por la arquitectura del mueble. No faltan aquí las cintas y las transformaciones de los miembros en elementos vegetales o zoomórficos.

En cuanto a los antepechos, se dividen en paneles cuadrados separados por parejas de balaustres entre los que se disponen un panel estrecho a modo de pilastra, todos los paneles están decorados con grutescos teniendo especial importancia en los motivos arquitectónicos. A este respecto hay que señalar las conexiones entre algunos de los motivos ornamentales de la sillería y la arquitectura jerezana del momento, por ejemplo los roleos son idénticos a los que aparecen en la portada de la iglesia de la Victoria, realizada por Domingo Pérez en 1542. Por su parte Fernando Álvarez en la fachada del palacio Riquelme, finalizada en 1543, incluye una pareja de panteras cuyas extremidades se transforman en unos motivos vegetales idénticos a los del coro cartujano.

Amén de otras irregularidades menores, la excepción más importante al esquema general de la sillería es el remate que une ambos lados de la sillería y corre por encima de la puerta, el cual separa el coro de padres del de legos. Aquí aparece en el centro Dios Padre bendicente en una hornacina, flanqueada por dos tondos en los que se representa a San Gabriel y la Virgen María, conformando entre los tres el misterio de la Encarnación.

Respecto a las imágenes de los santos que ocupan las hornacinas de los respaldos, hay un grupo de figuras que presentan una disposición helicoidal del cuerpo, con un excelente modelado de los paños y la anatomía. Frente a estas, hay un segundo grupo en el que las figuras toman una pose más estatuaria con mucho menos naturalismo en rostros, manos y vestiduras. Cabe pensar que estas diferencias se deban a la doble autoría del mueble. Las figuras del coro de Badajoz se ajustan a las características del primer tipo que hemos descrito, por lo que parece que el más avanzado de los dos escultores era Jerónimo de Valencia. Con todo, las restricciones de esta comunicación no permiten el análisis pormenorizado que merece la obra que nos ocupa. 

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