Fernando García de Cortázar. Historiador y escritor “Hay que vivir España a través de su gran legado cultural”

  • El autor presentará su nuevo libro, ‘Y cuando digo España. Todo lo que hay que saber’ (Arzalia), este jueves, 16 de diciembre, a las 19,30 horas, vía Zoom, de la mano de la Asociación de Propagandistas

Fernando García de Cortázar. Fernando García de Cortázar.

Fernando García de Cortázar. / Antonio Pizarro.

Invitación. Invitación.

Invitación.

La Asociación Católica de Propagandistas celebrará este jueves, vía Zoom, a las 19,30 horas, la presentación del nuevo libro del historiador Fernando García de Cortázar, ‘Y cuando hablo de España. Todo lo que hay que saber’ (Arzalia). El enlace es: https://fusp-ceu.zoom.us/j/97240166522. ID: 972 4016 65 22. Contraseña:056333.

El autor estará acompañado por el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Cádiz, Rafael Sánchez Saus; y el profesor de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad de Cádiz, Javier Jiménez López de Eguileta.

–En el anterior libro hacía un ‘Viaje al corazón de España’. ¿Busca con ‘Y cuando hablo de España’ llegar al corazón de los españoles?

–Sí, sí. Al igual que en el ‘Viaje al corazón de España’ o en la ‘Breve Historia de España’, he querido llevar al presente la realidad histórica y cultural de nuestro país con un estilo ameno y directo, tratando de emocionar a los lectores. Pienso que, durante muchos años, hemos deshabitado sentimentalmente lo que España representa. Prácticamente la hemos visto como un Estado. Hay que dar un paso más. Hay que vivir España. Y vivirla a través de su gran legado cultural. Por eso, se podría decir que esta es mi obra más patriótica porque trata de deshacer las insidias que nos hacen pensar que somos un país de fin de raza. Y, también, porque trato de recoger lo que, en mi opinión, todo español debería saber de su país: los episodios y los personajes que han marcado nuestra historia, las aportaciones artísticas y culturales, las ciudades más universales y los paisajes más hermosos, los mitos, los iconos, la visión que el cine nos da del pasado y del presente, y una biblioteca personal que contiene la parte más viva de nuestra tradición, ese camino por el que los españoles hemos llegado a ser lo que somos.

–Si el año pasado, su nueva obra la presentaba en un momento complicado en España respecto a Cataluña, este año lo hace con la pandemia. ¿Hace referencia a esta situación en su libro? 

–Claro, claro… El Covid se cebó con Europa cuando estaba escribiendo los últimos capítulos y la espantosa situación que aún sufrimos me hizo recordar algo que se preguntaba George Orwell en plena Segunda Guerra Mundial: ¿Dónde esta la gente buena cuando ocurren cosas malas? Pues bien, en esta crisis la gente buena son los médicos y sanitarios que no se rinden, y también todas esas personas anónimas que, en medio del temblor y la angustia, han seguido en su puesto de trabajo, hombres y mujeres que nunca aparecerán en los libros de historia, pero que arriesgan su salud para que el mundo que conocemos no se caiga a pedazos. Símbolos, espejos de una España que no esta dispuesta a dejarse desmoralizar, retratos de un país que, pese a los agoreros, esta muy vivo.

–En su libro dedica todo un capítulo a las deudas que Europa y el mundo tienen con España, y menciona el Camino de Santiago, a los traductores de Toledo, a los exploradores de los siglos XV y XVI… ¿Cuál es para usted la contribución más importante de España?

–Me pone en un aprieto. Pero si tuviera que destacar una de las muchas deudas que el mundo tiene con España, me quedaría con la gran aportación de nuestra lengua, una lengua de ida y vuelta con América, la lengua de los conquistadores y también de la independencia, roca de cultura, permanente, continua, en medio de las borrascas de la historia. Una lengua no del imperio, sino de la imaginación, del amor, de la justicia. Curva airosa de Berceo a Neruda, o de san Juan de la Cruz a Vargas Llosa, pasando por Gracián, Clarín, Lorca, Alejo Carpentier… Por desgracia, hoy nuestra lengua vive una gran paradoja, ya que gana hablantes vertiginosamente en todo el mundo al tiempo que los pierde en el territorio peninsular. Claro que el idioma español no está en peligro: los españoles y España sí. Veo con gran preocupación cómo determinas disposiciones del Gobierno parecen avalar el proyecto separatista de demolición del Estado democrático y de la Constitución que lo sostiene.

– Usted tiene una visión global de la Historia de España, un discurso completo, y otro ‘don’ es su capacidad de difusión de la Historia de España, ¿qué quiere acercar con este libro a los lectores? ¿Qué diferencia esta obra de las anteriores respecto a España?

–La diferencia fundamental de este libro con el resto de mi obra se encuentra en el impulso que me llevó a escribirlo. Y éste nace de la tristeza que me produce el desahucio sentimental en que hoy se halla nuestro país, un país al que se le ha robado hasta el nombre, sustituido alegremente por la expresión vejatoria de “Estado Español”. ‘Y cuando digo España’ está escrito a luz de una cultura que nos proporciona significado como españoles, concebido con el deseo de reivindicar una nación integradora y consciente. Entiéndase bien. En sus páginas no me dedico a desenterrar momias, sino a convocar nuestra valiosa herencia cultural. La España de este libro es, por tanto, una España sentida y vivida… Una España que va del asombro y admiración que producen iconos como el Pórtico de la Gloria – la puerta más hermosa del mundo, la joya mayor de la escultura románica –, y obras como las Cartas Morales de Séneca – que parecen pensadas y redactadas para nuestros días – al espíritu de sacrificio de Rafa Nadal, ejemplo de una serie de valores que resumen lo mejor de la España del siglo XXI.

–¿Tanto se duda de España hoy? ¿Cómo se podría transformar esa idea?

–Para empezar, cambiando el concepto de patria, que es lo que yo intento dejar claro en este libro y también en ‘El viaje al corazón de España’. Mi patria no se reduce a un himno o a una bandera. Es la infancia y la tierra donde vi la luz, donde vivieron mis antepasados y se forjaron mis primeros sueños. Pero también es un puente romano, las piezas para piano de Albéniz, un cuadro de Goya, las reflexiones de la Escuela de Salamanca, una película que se convierte en nuestra conciencia, como 1980, de Iñaki Arteta, crónica desgarradora y honesta sobre el año más sanguinario de ETA. Y, por supuesto, mi patria son las obras literarias de quienes inyectaron torrentes de genio y de fantasía a una lengua que hablan seiscientos millones de personas en el mundo.

–España, como Europa, tiene profundas raíces cristianas, reconocerlo genera para muchos ciertos prejuicios.

–No hay nada de malo en ello. Al contrario. Hay que recordar que hay mucho que recordar. Durante siglos, las ideas sobre el destino del hombre, la defensa de la dignidad y la libertad de las personas han estado vinculadas a la herencia del cristianismo. No es casual que en la Europa en la que prendió el mensaje de Jesús se desarrollaran aquellos valores que en el humanismo renacentista y en la Ilustración pusieron el fundamento de la modernidad. No es extraño que nacieran en Occidente los más ambiciosos principios de emancipación del hombre y que ahí, por influencia del cristianismo, se defendiese la equivalencia radical de los seres humanos. Por ello nuestra era comienza con el nacimiento de Cristo cuando podría haberlo hecho con algún otro acontecimiento relevante, como el descubrimiento de América o la Revolución Francesa. Europa, además, no nace con Grecia ni con Roma, donde la esclavitud, por ejemplo, era algo completamente normal. Europa nace en el Camino de Santiago, como bien recordara Goethe. Ahora bien, esta realidad histórica no debe justificar pretensión nacionalcatólica alguna, ni ensoñaciones antidemocráticas, contrarias al mensaje evangélico.

–¿Cómo compagina su labor de sacerdote con la investigación?

–Puedo decir que con la historia, tanto como escritor como profesor, ejerzo una especie de sacerdocio y me esfuerzo en todo lo que escribo en presentar modelos de conducta que puedan ser imitables. Debo hacer una historia moral, en este caso de España, presentando conductas reprobables y por el contrario otras ejemplares.

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