Análisis

Juan Alfonso Romero

Elevar el discurso

Por el bien de Jerez, de nuestro futuro tenemos la firme obligación de elevar el discurso. No es lógico leer y observar tanto en medios de comunicación, redes sociales, chascarrillos de calle, comparecencias de nuestros representantes el bajo nivel de exigencia al que estamos sometidos. No es normal el nivelito de reproches que hay en el escenario del día a día. Es bochornoso ver cómo algunos hacen precisamente lo que critican, pero lo hacen con nocturnidad (tapándose la cara o aprovechando zonas sin luz). Se generan una serie de problemas de patio de colegio que en poco o en nada nos ayudan como pueblo, como ciudad a salir adelante y avanzar. Estos problemas innecesarios que no nos llevan a ninguna parte alejándonos de la proactividad y envolviéndonos en la reactividad no se solucionan solos. El coste de la inacción que estamos sufriendo es muy alto, inadmisible. Cuando te das cuenta se utiliza la tragedia humana de la inmigración o migración y te ponen por delante un barco con nombre de bebida isotónica (Aquarius) para despistarte con cortinas de humo, ponerse medallas y cambiarse estampitas a nivel político. No importa que apaleen a nuestros cuerpos de seguridad ni les rocíen con cal viva. Necesitamos que nuestros políticos eleven el discurso aportando propuestas y soluciones verdaderamente útiles. El tiempo es oro y sufrimos una gran escasez de tiempo en medio de una constante abundancia que precisamente no tenemos tiempo para disfrutarla. Aun así perdemos el tiempo en "no tú, tú más pues no, tú más". Debemos trazar prioridades con un objetivo y un tiempo de ejecución, entrar en el 'prueba- error' en la práctica y dejarnos de tantas declaraciones de voluntad y fotos. Alejarnos de la ansiedad que genera la búsqueda de lo superfluo y educar la libertad. Competencia sana contra fullería. Ser profesional y no atacar al otro porque no te encargan un trabajo o no te dan el dinero que le pides como hacen algunos mamarrachos que se autoproclaman profesionales cuando en realidad son camorristas de poca monta. Sólo hay que poner la tele, leer la prensa y vemos a estos parlanchines manejar de maravilla la palanca de la esperanza sin contenido cierto llevándonos a un espejismo de la fortuna. Entre todos tenemos que salir de la vagancia y la neurosis reivindicativa radicalmente instaurada en la conciencia colectiva, especialmente en la de nuestros jóvenes. Ver las cosas como son y aceptarlas para no tener que 'drogarte', para no deprimirnos con la creencia de la falsa expectativa. Tenemos que tener disciplina interior, elevar el discurso y ser más exigentes con nosotros mismos y trasmitirlo a los que vienen detrás. Construir un buen futuro, buscando la excelencia y "vaya Ud condió."

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