Análisis

manuel gómez ruiz Socio de la ACdP

Europa sin raíces

Viajar por Europa supone visitar pueblos y ciudades en cuyo centro histórico existe siempre una Iglesia o una Catedral. Son estos los motivos que muchas veces justifican el viaje. Y es que, desde la cristianización del imperio romano en adelante, el cristianismo ha estado presente en toda Europa, convirtiéndolo así en el continente cristiano.

Esa identidad estuvo presente al inicio de la actual Unión Europea. Sus padres fundadores eran católicos fervientes, De Gásperi y Schumann están en proceso de canonización -son actualmente siervos de Dios- y acometieron la unificación de Europa para evitar futuros conflictos bélicos y proyectar en ella los valores del humanismo cristiano: la dignidad de la persona, las ideas de justicia y libertad, el amor a la familia, el respeto a la vida, etc.

El proceso secularizador y el relativismo que ha vivido Europa en los últimos tiempos ha producido un declive de esa identidad cristiana. Tanto el proyecto de Constitución Europea de 2004, finalmente rechazado, como el Tratado de Lisboa de 2009 que lo sustituyó, solo recogen en su preámbulo una mención a la "herencia cultural, religiosa y humanista de Europa" sin señalar cual sea esa herencia religiosa con un intento decidido de sus promotores de cancelar la historia cristiana de Europa.

En los últimos años los organismos europeos han presionado a países como Hungría y Polonia donde, como ocurre en otros países como Francia y Alemania sin problema alguno, sus tribunales han decidido, para preservar su identidad nacional "cristiana", mantener la supremacía de sus constituciones sobre los tratados europeos. Y ello es así porque existe en la actual Unión Europea un proceso globalizador y unificador que pretende imponer en toda Europa los valores propios de esa ideología dominante vetando cualquier actuación o manifestación que vaya en contra de lo que se considera "políticamente correcto".

Al mismo tiempo se incrementa continuamente el proceso de islamización de todo el continente. Ya hay en muchos países más musulmanes que católicos practicantes, y cada vez hay más mezquitas. Y se tolera o alienta ese proceso de islamización para atacar al cristianismo, conociendo sus promotores que en el Islam no se respetan ideas procedentes del cristianismo, como la libertad de la persona, la igualdad hombre-mujer, la libertad matrimonial, la libertad religiosa y de culto, la no coerción moral al individuo, y, en el plano político, la separación entre el estado y la sociedad civil.

Este proceso, de continuar, producirá inevitablemente el suicidio colectivo de Europa. El vacío moral producido por el mismo no se puede llenar ni con los valores propios de la ideología de género ni de la corrección política dominantes, ni tampoco fomentando y tolerando el proceso de islamización en curso. Es necesario volver a nuestras raíces, recuperar el alma cristiana de Europa y los valores que a lo largo de los siglos han constituido su identidad y permitido su papel protagonista en el mundo. Como proclamaba san Juan Pablo II en Santiago en 1982 : "Europa vuelve a encontrarte. Sé tú misma".

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