UNA vez acabada la Navidad y vistas las espaldas del Rey Baltasar marchándose en su carroza, entramos en un periodo en el que Jerez se agazapa. Accedemos a uno de esos periodos tranquilos en los que la cuesta de enero se cobra sus particulares víctimas civiles, caso por ejemplo de los camareros, que soportarán estoicamente de pie la menor afluencia de clientes, o los taxistas, que se contarán la vida en pequeños grupos a la espera de que alguien les pida un servicio. Enero, tras el día 6, y febrero son meses malos, semanas en las que los excesos económicos de las navidades se pagarán caros. Mientras tanto, el Ayuntamiento aprovechará este periodo para irse a Fitur a cantar las excelencias de esta tierra al mundo, a la espera de que la Semana Santa saque a esta ciudad del frío letargo que se le echa encima a pasos agigantados. Cádiz tiene sus carnavales pero Jerez no tiene nada hasta que empiece el último tramo de la Cuaresma y los pasos empiecen a salir. Algo habría que inventar.

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