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El PP ha ganado las elecciones en Castilla y León, pero Mañueco tendrá que pactar con Vox si pretende continuar en el Gobierno. Ha quedado lejos de sus expectativas. Como ha ocurrido en otras ocasiones en las que los candidatos mostraban un excesivo triunfalismo, la victoria del PP es un fracaso. Un desastre total, sin paliativos. Hace dos semanas acariciaba la mayoría absoluta según las encuestas. A la hora de la verdad se ha quedado lejos de lograrla y Alfonso Fernández Mañueco se verá obligado a contar con el apoyo de Vox. Apoyo, no le vale la abstención, como esperaba cuando barajaba el escenario menos favorable.

Pedro Sánchez, que sabía que partía de una situación mala para su partido, hasta el punto de que había programado apenas un par de intervenciones durante la campaña, inicio y cierre, al advertir el declive del PP a medida que se acercaba la fecha del 13 de febrero empezó a acariciar la idea de que podría ser presidente Luis Tudanca, y se sumó a la campaña para dar un último empujón que creyó definitivo. No ha sido suficiente, el PSOE ha perdido en una región en la que ganó hace tres años, pero en la que no gobernó gracias al pacto del PP con Cs. Hoy Cs ha seguido la línea de derrota que sufre desde que Albert Rivera antepuso su animadversión política y personal a Sánchez y no le ofreció su ayuda para impedir la coalición con Podemos que auguraba todo tipo de males, desgraciadamente confirmados. Rivera se vio obligado a abandonar la política, pero ni el PP ni el PSOE han sabido captar a sus numerosos votantes.

Ni Pedro ni Pablo Casado han demostrado estos últimos años que cuentan con el aprecio de los españoles, que han huido a nuevos partidos regionalistas que, si en las anteriores generales abrieron el camino a Teruel Existe, ahora se han abierto a tres partidos. Como socialistas y populares no cambien el rumbo, en las próximas generales habrá una representación significativa en el Congreso para los partidos de la España Vaciada.

Cs sólo contará con un procurador en Castilla y León. Francisco Igea no ha parado de repetir que nunca estuvo en una operación para presentar una moción de censura contra Mañueco, pero ni aún así ha sumado la media docena de escaños que esperaba. Tampoco ha cumplido sus expectativas Unidas Podemos. Ni de lejos. A medida que transcurren los meses se comprueba que la coalición de gobierno hace tanto daño a Unidas Podemos como al PSOE, a Iglesias-Belarra como a Sánchez. Con Yolanda Díaz preparada para crear su propia plataforma, aunque tampoco da señales de que esté acertando en la fórmula. Ni en las formas. Excesivo protagonismo, déficit de atractivo político más allá del sindicalismo… y sonoro fracaso de su reforma electoral, que ha salvado por los pelos y que está muy lejos de la derogación de la que alardeaba.

Punto y aparte merece Vox. Ha sido el gran triunfador de las elecciones y su papel va a ser determinante para la formación del Gobierno. Es más, el éxito en estas elecciones puede determinar el futuro de España.

Con sus escaños, se convierte en el partido del que dependerá Mañueco para gobernar. Convocó elecciones anticipadas con el objetivo de quedarse a tan poco de la mayoría absoluta que pudiera conservar la presidencia sin las ataduras de un Gobierno de coalición como el que formó con Cs. De ninguna manera se planteó volver a la fórmula de la coalición, esta vez con Vox, hasta el punto de que antes de empezar la campaña, cuando los sondeos le eran muy favorables, declaró que si se veía obligado a pactar con Vox prefería convocar nuevas elecciones.

Los políticos no son tan rehenes de sus palabras como el resto de los mortales. Porque Sánchez no sólo negó que pudiera gobernar un día con Podemos, sino que dijo que sólo pensar en esa posibilidad le quitaba el sueño; sin embargo, ahí está la coalición. Mañueco no debería repetir las elecciones; lo sucedido ayer demuestra que Vox crece y crece, mientras que el PP no alcanza sus expectativas y debe medir bien las consecuencias de una repetición. No pasa nada por admitir que hay que adaptarse a las circunstancias como hizo Sánchez en su momento.

Habrá que contar con Vox, el caso es que Mañueco quiera hacerlo. Y que Vox quiera hacerlo. Y si quiere hacerlo, con qué condiciones. Porque en las últimas semanas varios dirigentes de Vox confesaban abiertamente que preferían no entrar en una coalición con nadie, les favorecía más apoyar desde fuera como han hecho en Madrid. Gestionar, y tomar iniciativas es la aspiración de cualquier político… pero también un foco de problemas cuando se es el partido minoritario de una coalición. Abascal, de momento, ha declarado que quiere a su candidato en la vicepresidencia. Empiezan los problemas. Dentro de Vox, que no todo el mundo quiere el Gobierno en coalición, sino también en el PP. ¿Aceptará al joven Gallardo, sin experiencia, y que ha demostrado en la campaña su escasa valía?

En el futuro inmediato se vislumbran las elecciones andaluzas. Juanma Moreno aspiraba a celebrarlas en otoño, cuando corresponde, pero estaba pendiente del resultado de CyL para ver qué pasaba con Vox y si la continuidad de Mañueco dependía de un pacto con Vox. Si finalmente se concreta, el PSOE andaluz ya tiene la campaña hecha. No sería extraño por tanto que Moreno adelantara la convocatoria lo más posible, antes de que se formalice un pacto que, de acordarse, se puede ir negociando durante semanas.

Sánchez sale regular parado. Ganó las anteriores elecciones y ahora se ha dejado varios escaños. Ha demostrado además escasa visión política al creer a quienes le cantaban al oído que podía ganarlas y se empeñó en subirse al carro de la campaña para apuntarse al éxito. Lo mismo podría decirse de Iglesias, que ha interpretado una especie de regreso a la política activa sumándose a la campaña y marcando distancias además con Sánchez. Ni uno ni otro han conseguido entusiasmar a sus huestes, que les han dado la espalda.

En cuanto a Casado, su declive es tan evidente que es dificil que llegue entero a las generales si no toma decisiones a corto plazo. Es generalizado el clamor de que su equipo -que es lo mismo que decir él mismo- ha destrozado al PP, dejando de lado personas de experiencia y peso para poner la dirección en las manos más ineficaces. Pero no hay que culpar a García Egea, es Casado quien lo designó secretario general y quien lo mantiene contra viento y marea.

Para Casado era fundamental apuntarse un éxito en Castilla y León, no sólo para visualizar que el PP va hacia arriba tras el éxito de Madrid, sino para demostrar lo que Casado está empeñado en demostrar, que el éxito de Madrid se debe a su persona y a las siglas PP, no a Isabel Díaz Ayuso. Mantener la tensión con la presidenta madrileña es un inmenso error, y lo más inteligente para Casado y Egea sería permitir que celebre su congreso de una vez, que la dejen trabajar en paz, y que se feliciten de sus éxitos en lugar de recibirlos con un ridículo ataque de celos. Y, de paso, reflexionar si no es mejor la postura de Ayuso de no renegar de la colaboración con Vox, aunque no tenga ninguna simpatía por el partido.

El PP está en una situación muy delicada, de peligro grave. Varios dirigentes regionales influyentes no ocultan su preocupación. En su mano está exigir que, en el congreso de julio, se reconduzca la situación. Eso no significa cambiar de líder, sino hacer ver a Casado que es indispensable que se apruebe una nueva Ejecutiva en la que desaparezcan determinados nombres nefastos para el partido y que abocan al PP al desastre en las próximas generales.

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