íbamos en su viejo coche: un Renault 7. Señaló la radio y me dijo: Aquí ya solo sale la Piquer. Él, que fuera Alcalde y Diputado Provincial, vivía en su barriada de siempre - la Palma - y conducía el mismo coche, el de la Piquer.

En campaña electoral el lema fue “Quita un cacique y pon un alcalde”. Y eso hicieron: convirtieron los polvorientos ayuntamientos franquistas en algo cercano (“Entra en tu Ayuntamiento” se decía también) y funcional. Sentaron las bases de una financiación para tener un mínimo de planificación del gasto, convirtiéndolos en indispensables para la prestación de los servicios sociales. En definitiva, levantaron los ayuntamientos democráticos sobre las bases degradadas de los franquistas.

Pero antes sufrieron los años del terror. Él, con solo dos años, quedó huérfano de un fusilado por los fascistas. Su madre joven viuda lo sacó adelante como pudo. ¿No iba a tener miedo aquel muchacho señalado como hijo de rojo? Pero él, y otros y otras como él, se acostumbraron a convivir con un miedo que nunca les paró. Manifestaciones, reuniones clandestinas, reparto de Mundo Obrero, cárcel, palizas… no impidieron nunca que él, y otras y otros como él, mantuvieran encendida la llama de la libertad y de la esperanza… aunque pocos motivos había de esperanza. Qué largos aquellos años. Qué duro mantener germinal la semilla de la democracia. Él, y otras y otros como él, fueron capaces de conseguir que, aunque hubo colas para ver el cadáver de Franco, se reclamaran y asumieran los principios democráticos. Él, y otros y otras como él, son los auténticos padres de nuestra democracia.

Él era mi compañero Rafael Gómez Ojeda, comunista y Alcalde de El Puerto entre 1981 y 1986. Murió la semana pasada a los 90 años. Luchador de la Memoria Histórica, estará siempre presente. Descanse en paz.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios