Análisis
La doble cara del Derecho Internacional en Venezuela
Aficiones pegándose una vez más, en este caso brasileños y argentinos, y en todo el mundo llevándonos las manos a la cabeza y dándonos golpes de pecho. Un rato después, cada cual a lo suyo y a seguir insultando y despotricando del que piensa distinto a nosotros. Una especie de actitud general farisea en la que por fuera aparentamos dignidad y por dentro estamos podridos.
El deporte es fiel reflejo de nuestra sociedad y por ello ocurren estas cosas. Podría ser una fiesta pero cada vez más es una batalla. Pero claro, ves cómo se expresan Javier Milei o Jair Bolsonaro y es fácil cómo se expresan sus conciudadanos. Es más que evidente que no debemos cruzar el charco para reconocer estas mismas formas, maneras y expresiones. Solo ver a nuestros políticos hoy en día y claro, así nos salen nuestros dirigentes deportivos y, claro, así se viven los partidos de nuestros equipos, incluso los de categorías inferiores.
Además, cómo no hacerlo si solo nos estamos mimetizando con nuestros dirigentes, ellos que se han convertido en nuestro alter ego, en nuestro ejemplo a imitar. En estos tiempos considero que hasta la palabra debate ha perdido su esencia porque los que defienden opiniones y puntos encontrados, lo hacen a base de insultos omitiendo ideas, pensamientos y razones.
El egoísmo es inherente a la especie humana, en tanto animales que somos. La supervivencia está inscrita en nuestro ADN como elemento clave. Somos hijos de una carrera multitudinaria en la que solo un espermatozoide fue capaz de fecundar el óvulo del que provenimos.
Pero la bondad es un aspecto que se puede conseguir en tanto que somos seres racionales y comunitarios. Ese caldo de cultivo que se da en una familia y en una sociedad que es capaz de formar individuos con altos valores a favor de los demás. Son tiempos convulsos, complejos, pero entre tanto egoísmo, tanto desprecio, siempre hay gestos que nos devuelven la confianza en la humanidad.
Greg Popovic, entrenador de San Antonio Spurs, que ha sido 5 veces ganador de la NBA, 3 veces considerado mejor entrenador en la NBA, que ha conseguido una medalla de oro en las olimpiadas de Tokio dirigiendo al equipo estadounidense, que siguiendo en activo ya es miembro de Salón de la Fama del Baloncesto USA, que es como decir del baloncesto mundial. Greg Popovic, a sus 74 años, hace unos días cuando su equipo jugaba en casa frente a Los Ángeles Clippers y estaban abucheando a un jugador contrario que previamente había sido jugador local cogió el micrófono del pabellón y con tono severo se dirigió a su propia afición diciendo: "Perdonadme un segundo. ¿Podemos parar de abuchear y dejar jugar a estos chicos? Tengamos un poco de clase. Esto no es lo que somos. Ya basta de abucheos".
El respeto no está reñido con la competición, ni con la política, ni con ningún debate, más bien es lo que haría engrandecer cualquier victoria o derrota sea cual fuere el ámbito en el que se produjera. Pero parece que en estos tiempos la concordia es un término pasado de moda. Al final todos perderemos, aunque venzamos.
También te puede interesar
Lo último