Alejandro Gordon

Que el calor del verano no nos impida recordar a un santo

Tribuna libre

13 de agosto 2023 - 00:45

Recientemente, el pasado 5 de julio, el Papa Francisco emitió una carta para constituir la “Comisión de los Nuevos Mártires - Testigos de la Fe”, con el objetivo de hacer una investigación y búsqueda de los mártires del siglo XXI. El Santo Padre ha indicado que los mártires son más numerosos ahora que en los primeros siglos del cristianismo: “En efecto, los mártires han acompañado la vida de la Iglesia en todos los tiempos y florecen como ‘frutos maduros y excelentes de la viña del Señor’ también hoy. Como he dicho muchas veces, -continuaba el Papa- los mártires ‘son más numerosos en nuestro tiempo que en los primeros siglos’: son obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas, laicos y familias, que en los diversos países del mundo, con el don de su vida, han ofrecido la prueba suprema de la caridad (cf. LG 42).

Sin duda estas palabras de il dolce Cristo in terra como gustaba repetir a Santa Catalina de Siena, se hacen actuales cuando recordamos el martirio de nuestro querido Beato jerezado, José Ignacio Gordon de la Serna, que fue asesinado por causa de la Fe, un día como hoy, 13 de agosto, de 1936, en Alboraya, Valencia.

Puede resultar sorprendente, que en los tiempos en los que estamos, en los que las noticias de hoy suelen servir “para envolver pescado mañana”, en los que la inmediatez lo llena todo, la Iglesia, una vez más, se empeñe en recordar a sus mártires, como el más firme ejemplo de dar la vida por Cristo perdonando, en no pocas ocasiones, a los captores y a los que les asesinaron, incluso antes del propio martirio.

Así sucedió con el Beato José Ignacio, que antes de ser martirizado se dirigió a sus captores y les dijo “os perdonamos de todo corazón”. Él, que había hecho de su vida una continua mortificación, llena de incomodidades incluso buscadas (el Beato José Ignacio Gordon era hijo del marqués de Irún y podría haber tenido una vida acomodada si así lo hubiera deseado), tuvo claro que debía imitar a Jesucristo y no rehuyó este compromiso, incluso en su propio día a día. El martirio como “consumación de la caridad”, como ejemplo de vida. Cuando así se le pusó por delante, no lo evitó.

En nuestra querida Jerez, en la Iglesia de San Miguel se conserva la pila bautismal del Beato José Ignacio Gordon de la Serna. Allí una placa le recuerda. Ojalá pronto veamos ese reconocimiento en nuestra ciudad, y no sólo en los muros de ese templo. Su ejemplo generoso tiene que servir para que en unos tiempos en los que parece que perdonar no está de moda, e incluso decir perdón parece anacrónico, su recuerdo esté más vivo que nunca. La Iglesia está regada con la sangre de los mártires. La ciudad de Jeréz tiene la gran suerte de poder contar entre sus más ilustres ciudadanos a un sacerdote claretiano que dio su vida por defender la Fe. Su memoria y su ejemplo debe perdurar.

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