La Crestería de Manuel Sotelino: Cultos, capataces y conciertos

08 de marzo 2026 - 05:43

Y así, como el que no quiere la cosa, nos hemos colado ya en el tercer domingo de Cuaresma. Como diría el amigo Tacho, esto se ha acabado ya. Lo bueno se nos pasa en un suspiro. Por eso, muchas veces, si contamos nuestra existencia por cuaresmas y semanas santas, la vida se nos va sin darnos cuenta. Entre bordados barrocos y el sonar de las bellotas. Y cuando menos te lo esperes, se abrirán las bulliciosas puertas del patio de la escuela San José para que aparezca la cruz de guía de ese Jerez penitente que, entre tradición y fervor, se colocará tras los nazarenos con antifaz azul raso para vivir una Semana Santa más. Que no es la misma que las que vivimos en el pasado pero que forma parte de lo que siempre hemos sido. Ese misterio que acompañan a las cofradías tan difícil de describir.

Pero pasando de lo divina que es la trasera de paso de palio que se nos escapa de las manos y de la mirada, pasamos a lo profano: Cultos, capataces y conciertos. Ni que decir tiene que todo mantiene su sentido y su momento. Hoy, mientras usted lee, imagino que atentamente estas letras, el autor del artículo estará presentando el acto del cartel de la hermandad y el concierto de la Sentencia que organiza mi querida corporación de la Salud de San Rafael. En los Claustros de Santo Domingo. Por tanto, cada cosa tiene su momento.

Pero si le quitamos la literatura y el romanticismo a esto de las cofradías, ¿qué nos quedaría? Nada falta y todo se complementa. Sin embargo, algunos cofrades de la ciudad venimos viendo desde hace años cómo todo este mundo de lo profano se ha engullido a lo verdaderamente divino. Sin salirnos de mi hermandad de San Rafael, hemos vivido un quinario precioso con un predicador que nos ha regalado unas homilías maravillosas. Diciéndonos lo mucho que Cristo nos ama. Tanto que llegó al punto, no de coger la cruz, sino de abrazarla por amor a ti.

A pesar de la poca o mucha presencia de hermanos y fieles, nada tuvo que ver si en lugar de un quinario a la junta le da por traerse a la familia Villanueva. Pogan un Villanueva en su vida y verá como tiene que ir a la casa del vecino a pedirle sillas porque el lleno sería hasta la bandera.

Me refiero precisamente a que en esto de las cofradías nos hemos quedado con la cáscara y hemos desechado lo fundamental. Hoy también habrá un no hay billetes en los Claustros de Santo Domingo para escuchar a la Sentencia. Pero yo me quedo con esa melancolía que no atesora quien va mandando un paso ni el patero del zanco izquierdo. Me sentaré para abstraerme con la imagen de esa trasera iluminada de un palio que se nos resbala de las yemas de las manos sin remisión. Y habrá pasado otra Semana Santa y nuestra vida habrá dado una vuelta más a las manecillas del tiempo.

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