Análisis

Andrés Luis Cañadas

Al encuentro de la Señora

No he visto nunca otra partida para un viaje, que se acometa con mas ilusión y alegría que la que embarga sin duda a los rocieros cuando, desde su ciudad, se ponen en camino hacia la marisma, al encuentro de la Señora, pues ni les atenaza la dureza de un camino, plagado de dificultades, ni la el calor o el frío o el tener que cruzar el Guadalquivir en Sanlúcar mezclados con caballos, carros o mulos; a bordo de uno de esos lanchones que de una orilla a otra, se dedican a trasladar desde la vieja “Masagued” islámica a ese paraíso que nos une y nos separa a la vez de las tierras onubenses, tan unidas históricamente a nosotros por el trasiego de los antiguos carboneros…

Ya digo, pocas veces uno tiene la oportunidad de contemplar, como es el caso, una partida tan alegre y festiva de alguien que se pone en camino, como en el caso de los romeros jerezanos que, un año y otro, marchan a la marisma, a postrarse ante la imagen de la Virgen del Rocío, devoción universal que así fuera reconocida por un Papa santo, en su visita a la aldea almonteña, histórico momento que tuve la oportunidad y el honor de narrar para la Cadena COPE en unión de mis compañeros José María Roldán y Vicente Quiroga, de nuestra emisora de Huelva…

Y es que tras una inevitable espera de un año, ha llegado el anhelado momento de encontrarse nuevamente, cara a cara, con la que en sus vítores los rocieros saludan “como la Madre de Dios”… imagen bendita a la, como tantas veces me dijo el primer Obispo de Jerez, el hijo de Arcos de la Frontera, don Rafael Bellido, solo se le reza con la mirada, que en el creciente murmullo de su ermita, abarrotada de fieles, ni es posible concentrarse para dirigirse a ella con una plegaria, ni además el aura que sin duda emana de su egregia figura, aun estando solo ante Ella, le permite a uno mas que quedarse prendido en sus misericordiosos ojos…

Por eso uno se marcha al camino, duro y polvoriento, con la alegría de encontrarse a la Madre y rendir ante su inconfundible imagen todo el amor que para ella alberga nuestro corazón, agradecido por tantos e incontables favores; que unas veces se materializaron en esa interminable colección de exvotos; que la Hermandad Matriz conserva como uno de sus mayores tesoros; y otras muchas se quedan en la intimidad de nuestra plegaria expresada, como ya antes he dicho, desde la mirada.

Por delante, esos primeros pasos por la ruta de las viñas, luego, la llegada a la ciudad de la barra fluvial del río - de ahí, el topónimo “Bab-rha-mda”- de Sanlúcar y como ya queda expresado anteriormente, el cruce del “Río grande”, esa vía fluvial que vertebra como savia Andalucía, que además en el Rocío ha adquirido por propio derecho un papel protagonista, ya que cada vez son más las Hermandades que lo cruzan al encuentro de la Blanca Paloma.

Y por delante, hasta la llegada a la aldea, toda una sucesión de bellísimos parajes, de rezos del rosario, ante el Simpecado de la hermandad, el obligado “rengue” para el “Ángelus”, que, en realidad hasta pentecostés será el Regina, y la estrecha convivencia en la que todo se comparte, que eso y no otra cosa es el resumen de una romería…

Y siempre, presente, Ella, la que es reina y señora de nuestros corazones…

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