Análisis

Manuel J. Mesa

El eterno debate del adoquín

Si tienes un vehículo de dos ruedas, ya sea una bicicleta, un ciclomotor o la mismísima motocicleta de Marc Márquez, me entenderás. No hay amortiguación que soporte los adoquines -si es que quedan algo de ellos- del casco antiguo de la ciudad. Podría señalar numerosas calles, pero sólo con citar José Luis Díez, Mamelón o plaza Esteve, supongo que basta. Tampoco es cuestión de cebarse. Únicamente hay que pasear en bicicleta, moto, incluso coche, para entrar en la montaña rusa de Disneyland París. Los adoquines son bonitos, eso es cierto, pero para tenerlos bien. No vale eso de poner adoquines y no tocarlos en 30 años. ¿Que vale muy caro mantenerlos y el gobierno municipal no puede hacer frente a ello? Pues fuera adoquines. Asfaltado que te crió. Lo que no puede ser es quedarnos a medias. Un quiero y no puedo. Parafraseando a Dani Rovira en uno de sus monólogos, "aquí las cabras se hacen esguinces". Siempre me ha gustado sacar el lado positivo a todo y, al menos, los talleres de la ciudad están haciendo su agosto con los cambios de amortiguaciones. Eso que se llevan.

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