Ando preocupado por causa de tanto malandrín suelto. Lo mismo da que mire la política, que la economía, lo privado como lo público, en todas partes encuentro bribones sin abecedarios que garanticen el buen hacer de las cosas. Como si faltara algo, una dirección, una cabeza, o, más aún, unos principios. Así que leyendo el magnífico libro que Francesc Torralba ha escrito sobre la revolución ética y la necesidad que de ella tiene el mundo actual, no me he podido resistir a ofrecer un comentario personal, aleatorio y arbitrario, de cuanto he procesado en su magnífica lectura; y de cuanto conviene a esta selva de distopías y vacilaciones por la que transitamos. Sencillamente porque me parece excelente en sus planteamientos fundamentales y ayudará al lector avezado a profundizar aún más en la razón fundante de su ética; y cuán me alegraría que cayera en manos de algún truhan de los que andan por los estamentos principales del Estado.

Si comenzara este artículo con la parábola del buen samaritano, habría construido en tres minutos el discurso imprescindible de toda una filosofía práctica, seguro que sin excesivos desacuerdos entre tirios y troyanos. Este es el reto de la ética que necesitamos, el registro de categorías y valores en la vida personal: disponibilidad, respuesta, escucha, gratuidad, donación, sacrificio, y sobre todo "no pasar de largo" ¿Por qué tenemos que ser éticos? ¿Por qué tenemos que ser buenos? ¿Qué sacamos? ¿Es inteligente ser buenos? Esto es "meta-ética", o sea, buscar sentido al sentido de la ética. Se da por supuesto que hay que actuar con honestidad, con veracidad y justicia; esta es la tendencia universal indiscutible.

Y este es el debate, ésta es la interrogación y esta es la evidencia que no termina de serlo nunca. Lo obvio no es tan evidente. Cualquier cosa existente, incluso la inexistencia de la nada, nos lleva a la pregunta por el sentido. Incluso a saber si el sentido tiene sentido. Preguntas inacabables hasta el suicidio; o la razón de no hacerlo, que diría Albert Camus. Desde Sócrates a nuestros días la pregunta sobre el hombre ha sido una constante, martillo pilón del pensamiento, la economía y la cultura. ¿Pregunta estéril, absurda, a-científica?, en cualquier caso, razonable. La bondad no es como la fuerza de la gravedad. Se puede ser bueno o malo ¿Y si todos prescindiésemos de la ética? Lógicamente sobrevendría el caos. Herodoto habla de que después de la muerte del rey se dejaba cuatro días de libertad absoluta sin restricción de ninguna clase para que se produjera la necesidad del orden y de un nuevo rey. Necesitamos normas. Pero, ¿es la norma la razón de ser de la ética? ¿No es la moral algo más que la ley? Los valores parece que se fundamentan en otra realidad.

Además de leyes están las costumbres (del latín mores), prescripciones de padres a hijos, vidas colectivas…Aunque la ética a veces trasciende y violenta las costumbres porque surge del interior, de la conciencia, que va más allá…, de las personas que son en definitiva las que cohesionan la sociedad a la que pertenecen. Si hay buenas personas, hay buena sociedad. La moral es consecuencia de la ética individual: tolerancia, prudencia, justicia, compasión, templanza, generosidad…Pero ¿qué fundamenta y enraíza la posibilidad de ser ético? ¿Un Dios justiciero? ¿Premio o castigo? ¿Cuál es la motivación que da sentido a la ética en sí misma y no en virtud de una compensación?

Me gustaría decir que la buena acción es aquella que no contempla los resultados ni los beneficios, es la que sale del corazón en respuesta a una llamada interior. Más allá del puro cálculo instrumental, simplemente porque la bondad no es un parámetro comercial o mercantil. ¿Por qué se obra éticamente? ¿Por qué se siente la necesidad de ayudar al prójimo como buen samaritano? He aquí el enigma de todo movimiento ético. La bondad es gratuita, o no es bondad. Esta es la pureza de cualquier acción moral, al margen de los beneficios que puedan derivar de ello. Es un movimiento del corazón, que fortalece a las sociedades, a las relaciones interpersonales y a uno mismo. Más allá de cualquier razón instrumental mercantil.

Actuar éticamente nos sitúa en una de las razones más enigmáticas y apasionantes que acompaña al ser humano en su hacer histórico, y la razón de porqué hacer lo que se hace, bien o mal. Además, se trata de que el hacer el bien, el ser moral, nos haga al mismo tiempo ser feliz y no sólo cumplidor. Porque ser honrado no puede ir contra el contento y la felicidad del individuo. ¿A dónde apelar, por tanto, para que las convicciones nos lleven a la mejor convivencia? Intento tenerlo meridianamente claro ¿Y tú? ¿Y nuestras repúblicas independientes? ¿Y si lo demandáramos, por burofax certificado, a los Reyes Magos de Oriente para la Hispania Citerior?

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