Análisis

Carmen de Soto Díez

Las marchas automáticas y el colegio Montealto

Hasta la semana pasada, mi recuerdo del colegio Montealto en Mirasierra era muy distinto. Ahora, como tantas y tantas personas de todo el mundo, trato de asimilar el dolor de esas cuatro familias. Dolor, que unido a la Santa Cruz, tiene un sentido realmente Salvador y rebosante de Amor.

En varias fuentes de la noticia he podido oír y leer que fue un error al meter la marcha. Se trató de un Volvo automático de gran cilindrada. Me hizo reavivar un recuerdo, de hace ya la friolera de 53 años. Me disponía a conducir una furgoneta larga, y bajita ahora, de tres filas de asientos, color burdeos y con marchas automáticas; estaba en Washington D C. Lo que no se dice es que en los automáticos, hay que elegir al menos entre dos marchas: hacia delante y hacia atrás. En mi caso la tenía aparcada delante de la casa, a la entrada había como un pequeño jardín, de media luna o media circunferencia. Detrás, había otro automóvil aparcado y, al ser el camino en media luna, no estaba recto. Me dispuse a salir, y metí la marcha para salir hacia delante. Me encanta la equitación, y lo ocurrido me recordó un par de coces, con mucha fuerza. Al poner la palanca para circular hacia delante, pasa por la marcha atrás y sin pisar el acelerador, largó dos coces, que me quedé fría, al igual que las personas que me acompañaban. La Chevrolet que yo conducía pienso que no tendría ni la mitad de caballos que ese asesino Volvo, pero sí que dejó un buen bollo en la puerta y aleta izquierda del coche aparcado detrás.

Lo ocurrido, fue lo mismo que ese día a la salida del colegio, pero justo al revés. Ella quería ir marcha atrás, y saltó hacia delante; y en mí caso, quería ir hacia delante y largó un par de fuertes coces por detrás. Con esto, me gustaría aclarar que aunque la tecnología haya avanzado mucho, en este más de medio siglo, en las marchas de los automóviles automáticos vemos que sigue ocurriendo lo mismo. Me pongo del lado de esa conductora, y pido a los fabricantes de las marchas automáticas que piensen en una forma eficaz para que estos hechos no vuelvan a repetirse.

Dada la economía de escala, desconozco si cada marca fabrica sus propios motores y marchas, o si provienen de otros fabricantes, para abastecer distintas marcas. Den más importancias a la I&D, y eviten que estos hechos vuelvan a ocurrir y se tenga por causante a quien conduce el automóvil. Cuatro familias sufriendo de verdad, un angelito al cielo con cinco añitos y cinco hermanos, y las marchas automáticas siguen sin perfeccionar. No pongamos el error humano en la conductora, sino más bien en quienes fabrican ese tipo de motores. Soy testigo y víctima del mismo funcionamiento.

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