Un serio problema en política es lo que podríamos llamar “calentamiento de boca a priori”. Es decir, fijar posición sin matices sobre algo que va a ocurrir y tener que cambiar cuando ocurre, quedando como mentirosos y traidores.

Le ocurrió a Pedro Sánchez con sus afirmaciones de que no habría amnistía por ser inconstitucional, y ya hay una ley presentada. Le ocurrió también cuando dijo que no podría dormir si pactaba con Unidas Podemos, y pactaron. También le pasó a Pablo Iglesias cuando incluía a todo el mundo en la “casta” y acabó de socio del PSOE, uno de sus miembros más significados. Y le pasó también cuando decía que la lejanía de la gente que tenían los otros políticos comenzaba por el sitio en que vivían… y se fue a vivir a un chalet de Galapagar. También a Rajoy, que dijo que nunca subiría los impuestos y fue lo primero que hizo. Y a Feijóo, que se presentó como moderado para acabar abrazando un discurso incendiario y faltón similar al de Vox. Sí, muchas veces el problema no es tanto lo que se hace (los pactos, la casa…), sino lo que se dijo antes de hacerlo, o sea, lo contrario.

Ya tenemos gobierno y podemos funcionar con normalidad política. La amnistía será bienvenida si se cumplen los objetivos / condiciones con que se ha justificado: - La renuncia de los catalanes a la unilateralidad, a aquello de “ho tornarem a fer”; - La mejora de la convivencia en y con Cataluña (un catalán no independentista también es catalán); - La igualdad financiera entre todas las CC.AA. Esperemos que estas promesas se cumplan y no respondan a “calentamientos de boca a priori”.

Estamos en otra pantalla con un gobierno legítimo salido de las urnas. A PP y VOX les toca el papel de oposición democrática sin proclamas panfletarias y pre-golpistas. Así, votando, lo decidieron los españoles.

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