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Álvaro Romero
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No sé si es cierto que hay recuerdos que el paso de los años nunca podrá borrar... no sé si se puede vivir del pasado... pero si sé que en nuestras vidas dejó su huella la tierra que nos vio nacer.
Jerez: armonía de vinos, caballos, toros y arte, mucho arte y ejemplo de Gente Excepcional, Amigos Excepcionales. Sí, ¡¡con mayúsculas!!
Los avatares de la vida hicieron que dejásemos todo eso, nuestra casa, nuestra vida, el mundo que habíamos conocido.
Pero hubo recuerdos imborrables, recuerdos que el paso de los años no quiso que dejásemos en el olvido, sino al revés, hicieron que se grabasen con más fuerza en nuestra cabeza y en nuestro corazón.
Desprendernos de las cosas que realmente nos habían importado no fue fácil. Pero cada uno en la vida tiene un lugar, un papel que cumplir, un proyecto que traspasa la barrera de lo terreno.
Gran ejemplo de esto siempre nos lo ha dado el patriarca de nuestra familia. Sí papá, junto a mamá nos has enseñado tantas cosas... servir con una sonrisa, luchar, mantenernos en pie aunque el viento sople en contra y a veces demasiado fuerte... adaptarnos a las circunstancias, saber esperar, respetar, cumplir y amar todo aquello que la Vida, con su gran sabiduría, nos tenía preparado.
Has hecho de nosotros una familia unida, fuerte y feliz, capaz de afrontar muchas cosas.
En ti Jerez también dejó su huella, pero a cambio tú también dejaste la tuya, y ¡¡de que forma!! No solo en tantos proyectos que hicieron de ella, urbanísticamente hablando, una ciudad preparada para el futuro, donde lo clásico y lo moderno se dieron la mano.
Sino también en sus gentes, en las familias sencillas, olvidadas, desprotegidas... sí, esa carroza de la Cabalgata de Reyes de 1988 en la que fuiste el Rey Melchor, estaba llena de sonrisas desconocidas para nosotros pero muy conocidas por ti. Caras de felicidad de paisanos a los que habías ayudado.
No fuiste solo el arquitecto municipal sino que fuiste mucho más... "un pilar", "una viga maestra" donde muchos encontraron refugio, apoyo, una mano amiga para afrontar sus dificultades.
Por eso te lo agradecieron de la mejor manera, dejando tu nombre en una de esas calles que no harán historia, porque es una calle escondida, aparentemente sin nada especial, pero donde el corazón de los que la habitan palpita en cada rincón... Y es que supieron demostrar su nobleza porque como dice el refrán "es de bien nacidos ser agradecidos".
Pues sí papá, tu paso por Jerez permanecerá imborrable para siempre en la c/Arquitecto José Ferrari y en esos corazones de los que te conocieron.
También en nuestros queridos colegios Grazalema y Guadalete sigue vivo el impulso de ese grupo de jerezanos pioneros, que hicisteis realidad ese "soñad y os quedaréis cortos". Muchas familias creyeron en ese sueño porque eran de pura cepa, valientes, optimistas, que buscaban la mejor herencia para sus hijos, forjar hombres y mujeres de una pieza.
Y nosotros, que te vamos a decir... que es un regalo seguir teniéndote a nuestro lado y ¡¡que gracias y mil veces gracias por estos 80 años vividos con intensidad!! ¡¡Y deseando siempre volver todos juntos a pisar la tierra que nos vio nacer!!
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