A los periodistas nos trae al pairo que la jornada laboral acabe a las seis de la tarde tal y como propugna la ministra Báñez. Siempre habrá noticias que merezcan ser esperadas hasta tarde. Es cierto que nuestro ritmo vital es tan distinto del resto de los mortales que, a veces, nos consideramos bichos raros, gente que trabaja cuando los demás descansan, que curran cuando sus semejantes están de fiesta o que tienen que analizar lo que para muchos parece obvio hasta desentrañar las trampas que la obviedad esconde. El presentismo es uno de los grandes males de la economía nacional. Los medios actuales permiten trabajar a distancia, estar perfectamente comunicados y realizar gran parte del trabajo lejos del escritorio. Hace 30 años, cuando empecé en esta bendita, malhadada, entrañable y dura profesión, que una foto te llegara directamente al bolsillo como sucede ahora con un móvil era una entelequia, algo propio de una ficción de 'Star Wars'. Pero se ha hecho realidad. "Los tiempos están cambiando". Ya lo dijo el Nobel Dylan.

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