Tercer mundo

22 de enero 2026 - 03:04

Se tiene relativamente claro lo que sea el Tercer Mundo. Desde hace muchos años las televisiones nos ofrecen imágenes de países remotos y subdesarrollados con seres humanos carentes de los servicios más elementales. Calles sin asfaltar, sin acerados. Mezcolanza de chabolas y edificios ruinosos. Niños sin escuelas ni zapatos. Hambre y escasez. De cuando en cuando, los desastres naturales se ceban con la pobreza y las riadas derriban esas precarias viviendas, inundan los campos y si estas calamidades no hacen más pobres a los pobres es porque no se puede ser más pobre de lo que son.

Nada que ver con el Primer Mundo. Ciudades organizadas y limpias. Medios de transporte que permiten acudir al trabajo diariamente a decenas de kilómetros o teletrabajar. Obesidad infantil y consumo pautado en grandes superficies surtidas de infinitos productos variopintos. Infraestructuras a prueba de terremotos y tsunamis. Padres y madres con perros y sin hijos.

Nunca tuve claro lo del Segundo Mundo. Antes de la caída del muro tenía entendido que se trataba de los países comunista que abominaban del capitalismo del primer mundo, pero tenían un nivel educativo muy superior al tercero. Actualmente, dicen que se trata de países en vías de desarrollo como Méjico, Brasil o Sudáfrica o, también, de economías emergentes como la de Rusia, India o China.

¿Y la España de 2026, a qué mundo pertenece? A los ojos del tercer mundo podría parecer un país desarrollado y organizado, por puro espejismo. A la vista de los países emergentes o de los grandes Estados-Continente, una reliquia del pasado en vías de autodestrucción. A la luz de las riadas periódicas del Levante, sin solución; ante la posibilidad constatada de un apagón nacional o ante la falta de mantenimiento de las infraestructuras básicas, todo ello con cientos de muertos, invita a pensar en la deriva hacia el tercer mundo.

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