Un amigo de internet se encaprichó con ponerle a su gato Kichi. Espero que mis intentos de disuadirle resultasen fructíferos y convincente mi argumento de que los motes de las personas campechanas hay que respetarlos y no cogerles el brazo a los que nos dan la mano. Si no me hizo caso, ahora tendrá graves y merecidos problemas de coherencia para alimentar a su gato, toda vez que el Kichi legítimo exige un carnet oficial de alimentador certificado de gatos.

Lo del carnet me parece bien. Sugerí uno de votante, tal y como lo hay de conducir, que no limitase el sufragio universal, no, pero que lo condicionase al conocimiento de unas reglas básicas de circulación política: qué es la soberanía nacional; qué, la separación de poderes; qué, los derechos fundamentales, etc. Se podría sacar en 4º de secundaria obligatoria, para que nadie se quedase sin el carnet de votante. Uno para dar de comer correctamente a los gatos, por tanto, no puede parecerme tan horrible, aunque con maullidos, digo, con matices.

El primero (y menor) es la limitación. Las limitaciones. Sólo podrá haber 40 alimentadores autorizados. Sólo podrán darles pienso seco a las criaturitas, nada de raspas de pescado, siempre contra las viejas tradiciones, ay. Cada alimentador autorizado habrá de ceñirse a su colonia asignada de gatos. Excesivas prohibiciones me parecen ésas.

Luego está la cultura del subsidio. Cádiz tiene, de vez en cuando, un problemilla de ratas. ¿Tanto gato y tantas ratas? Me temo que ocurre lo del refrán: "Gato con subvenciones/ no caza ratones". ¿No podrían matarse dos ratas de un tiro si no les diese a los gatos la sopa boba del pienso seco?

Aunque más que nada me preocupa que las risas no nos dejen ver lo serio. Reconozco que tiene gracia: una fakenews que es una noticia de verdad; pero cuidado con el fondo. La idea de los carnets ha surgido, literalmente, "sobre todo teniendo en cuenta la normativa municipal actual (que prohíbe alimentar a los felinos callejeros)". Sí, sí, lo han oído bien: como la normativa prohíbe alimentar a los felinos callejeros [sic] creamos un cuerpo de alimentadores autorizados. Porque hablamos de gatos, que, si fuese de perros, podríamos usar la imagen del mamífero dando desesperadas vueltas en redondo tratando de cogerse su propia cola. La inflación normativa tiene esto: apariencia de fake news, menos libertad, clamorosas contradicciones y pienso seco.

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