Jerezanos bizarros de ayer y siempre

Manolo Romero Bejarano

Antoñito Bazán

Antoñito Bazán. Antoñito Bazán.

Antoñito Bazán.

Durante el verano de 1978 la bizarra emisora Radio Popular emitió un espacio denominado ‘Los Consejos’ al que los oyentes llamaban para aportar soluciones a lo problemas de la vida cotidiana. El resultado se materializó en un libro editado por el conductor del programa, el llorado Manolo Yélamo, y constaba de 5 apartados: consejos de cocina, consejos de limpieza, consejos del hogar, consejos para la salud y recetas de cocina. El propio Yélamo advierte en el prólogo: ‘Por supuesto no es un libro científico, ni seguramente exacto, ni rigurosamente comprobado… Pero aquí está para ayudarle en su casa, en la cocina, y en todas esas cosas que, por necesarias son útiles, y que por cotidianas, son prácticas. LOS CONSEJOS es un libro insólito, con tantos autores como ideas contiene. LOS CONSEJOS debe ser un libro muy útil de consulta en el hogar. En él hay cosas que cuestan trabajo creerlas, pero que, en muchos casos, servirán auténticamente.’

Antoñito Bazán siempre fue un niño rarito. Nacido en la calle Taxdirt, la familia se mudó a Las Torres cuando era muy pequeño. Se cree que los problemas de conducta de Antonio hicieron a sus padres acudir al doctor Vander, quien no hizo sino empeorar al paciente. A los 10 años era un maniaco obsesivo, solitario y taciturno, que lo mismo se pasaba días enteros mirando un bolígrafo BIC de 4 colores, que intentando reproducir con la guitarra la sintonía de ‘La Mansión de los Plaff’. Su casa, como muchas de la época, carecía de cualquier tipo de libro que no fuese el de familia o la guía de teléfonos, por lo que la llegada de ‘Los Consejos’ fue un acontecimiento. Aunque no piensen que fue comprado. La Caja de Ahorros de Jerez, que había financiado la publicación, lo regalaba a sus clientes.

Fueron tres años de estudio sin descanso. Temerosa de cualquier accidente, la madre le prohibió el acceso a la cocina, por lo que las recetas quedaron pronto descartadas. Pero el resto de la obra no. Mañana, tarde y noche Antoñito estaba pegado a sus consejos, tratando de descifrar sus más ocultos mensajes. Porque estaba convencido de que había una segunda y hasta una tercera interpretación de las sencillas recomendaciones que allí se contenían. En realidad el libro se prestaba a la especulación, a lo que hay que sumar la retorcida mente del muchacho. Les pongo algunos ejemplos.

  • -HERVIR LECHE SIN QUE SUBA: Consiste en echaren el recipiente un par de bolitas de cristal, de las que sirven a los niños para jugar, y no tendrá problemas.
  • -MARCOS DE ALUMINIO: Las ventanas y puertas de aluminio se quedan muy bien frotándolas con un paño seco y dándoles después con brillantina para el pelo.
  • -LIMPIEZAS DE CUADROS AL ÓLEO: Los cuadros de pintura al óleo recobrarán mucho brillo si se les frota, con precaución, con media cebolla.
  • -PLANTAS QUE NO AGARRAN: Cuando una planta no quiere agarrar, cortarle el tallo un poquito y meterle por dentro cuatro o cinco cabellos vuestros. Plantar y seguro que agarra. Los pelos sirven de raiz.
  • -BRONCEADOR: Tres cuartas partes de coca-cola y una de aceite de oliva.
  • -DOLOR DE CABEZA: Tomar un poco de coñac rebajado con agua caliente.-CAÍDA DEL PELO: Mezcle una yema de huevo con una copa de coñac y lavar la cabeza con este preparado.

La obsesión llegó a tal punto, que los padres de Antoñito buscaron a Yélamo para que les prestase ayuda. El periodista habló más de tres horas con él, indicándole que podría haber fórmulas equivocadas, que era muy divertido jugar al balón con los otros chavales, meterse a costalero, o echarse novia, y que existían muchos otros libros que leer. De hecho le regaló un lote de poemarios de Vicenta Guerra. Todo fue en vano. Antonio había encontrado su peculiar biblia.

‘Se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio’. Y, como nuevo Quijote, un día decidió pasar a la acción.

Sucedió la mañana de un domingo de 1982. Fue cuando lo vio claro. Todos los consejos conducían al remedio universal. Tan sólo había que mezclar los ingredientes del libro en la proporción justa y el producto serviría lo mismo para arreglar un fusible fundido, quitar el olor a ajos de las manos o curar la psoriasis. Tras la revelación, la primera misión de Antoñito fue abastecerse de todos los materiales contenidos en el libro. La tarea era árdua, pues había que hacerse con una infinidad de cosas que no siempre estaban en la cocina de la mamá. Al mes, la habitación del joven científico era un verdadero almacén en el que se acumulaban productos tan dispares como el vinagre, la gasolina o los polvos de talco. La mala suerte quiso que la madre descubriese la extraña despensa, que fue destruida tras una serie de bofetadas a mano abierta.

Aún con los cachetes colorados, Antoñito reordenó su plan. De nuevo empezó a acaparar los más variopintos elementos, pero esta vez los fue guardando en una casa abandonada del Barrio Viejo, en la que tuvo algún que otro rifirrafe con los yonkis.

El 4 de diciembre de 1982 el niño Bazán tardaba más de la cuenta en regresar del Alvar Núñez. Sus padres empezaron a preocuparse y a llamar a casa de sus compañeros, quienes acabaron confesando que ese día no había aparecido por el instituto.

A las 18:47 una explosión iluminó el cielo del norte de Jerez. Ana Pintona cuenta que a su casa de La Plata llegaron cáscaras de huevo y Félix Jiménez de los Galanes (el de los Txuminos) declaró que en su balcón del Parque de la Serrana aparecieron un montón de hojas de laurel chamuscadas. Por su parte, el relato ‘Lluvia de bolindres’ de Juan Bonilla está inspirado en lo que el autor vivió esa tarde en una plazoleta de Icovesa.

Pepe Cirera, quien tuvo acceso al informe que redactó la unidad científica de la policía local, asegura que fue una suerte que no hubiese viviendas cerca, pues la mezcla de amoniaco, acetona, alcohol, esencia de trementina y gasóleo funcionó como la goma 2.

El 6 de diciembre la barriada de Las Torres de vistió de luto, si bien lo único que pudieron enterrar de Antoñito fue un pie, reconocido por sus padres al estar calzado con una de las zapatillas Paredes que le habían regalado por su cumpleaños. Fernando Taboada, que asistió al sepelio, me dijo que Manolo Yélamo era un dolor viviente y estuvo maldiciendo a gritos ‘Los Consejos’ desde el Perpetuo Socorro al cementerio.

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