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Ojo de pez

Pablo Bujalance

pbujalance@malagahoy.es

Yo no

Así respondió Joachim Fest ante la acusación a toda la sociedad alemana de haber engendrado el nazismo: Yo no

Si atendemos a los acontecimientos relativos a la actualidad política de la semana pasada, encontramos portavoces actuando como matones en el Congreso, sin sentido alguno de la mesura, dirigiéndose al adversario a base de descalificaciones e insultos y con un tono amenazante a la hora de proferir sus ladridos vacíos argumentos. Encontramos, también, al presidente de un partido que reclama a los inmigrantes que se adapten a "nuestras costumbres", con maneras no menos propias de un reyezuelo mediocre, muerto de miedo y empeñado en despertar el mismo recelo entre quienes considera los suyos. Y, ya que estamos, encontramos un lamentable número entre distintos candidatos a la Presidencia de la Junta de Andalucía, que insisten en ganarse a no se sabe bien qué público jugando a Star Wars y a Juego de Tronos cuando lo que hay entre manos es decididamente serio. No han faltado estos días quienes han advertido que la clase política y sus actitudes no son más que un reflejo de la sociedad de la que emanan, como si todos fuéramos culpables de tener en la galería tal desfile de incapaces. Y entonces, tal vez guiados por un cierto escrúpulo, no nos queda a muchos más remedio que responder como hizo Joachim Fest ante las acusaciones a la sociedad alemana, así en peso, de haber engendrado el nazismo: Yo no.

No, yo no. Ni yo ni aquellos a los que considero los míos tenemos nada que ver con esta gente. En mi casa no nos conducimos a gritos, no nos descalificamos, ni gritamos, ni nos insultamos. Nos hablamos como se hablan las personas, de la forma más correcta, con todo el respeto, aunque podamos estar en desacuerdo y discutamos sobre lo que haya que discutir. No exigimos a nadie que cambie sus costumbres, siempre que no condicionen las nuestras. Lo que no haremos nunca será darle la razón a quien se salte las normas elementales de la convivencia, pero no nos empeñamos en verlo como alguien distinto a tenor de sus costumbres: al contrario, atendemos siempre primero a lo que podamos tener en común, y ya después la diferencia cristalizarán por sí solas. Creemos, todavía, en la hospitalidad y la presunción de que el otro es uno de los nuestros. Por último, a lo mejor nos chiflan Star Wars y Juego de Tronos, pero dejamos estas cosas en su sitio. Si toca hablar de responsabilidad, preferimos no incurrir en frivolidad.

Ni los míos ni yo hemos movido un dedo por el ascenso político de esta gente. No tenemos nada que ver con ellos ni somos como ellos. Y somos muchos, tal vez millones, los que no nos sentimos representados. A lo mejor ustedes sí. Nosotros, no.

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