Desde la ciudad olvidada

José Manuel Moreno Arana

Calle de la Rosa

Atrás quedaron su antigua estrechez o esa privilegiada perspectiva hacia la torre de la Colegial que la convertían en un atractivo rincón, inmortalizado en viejas fotografías. Hace ya algunas décadas que, con un dudoso criterio, se derribó toda la manzana de casas que formaba uno de los márgenes de la calle. La intención, dar más vista a una trasera catedralicia que, paradójicamente, sólo puede lucir la modestia con que fue terminada. El resultado fue durante años un agreste solar y luego una delirante "plaza" ideada a juego con la nefasta reforma del cercano reducto. Las peculiares barandillas y farolas de diseño futurista fueron retiradas poco después y sustituidas por otras de un gusto más tradicional. El revoltillo estético fue completado con el tosco monumento a Manuel María González, esa desproporcionada e ingenua estatua que hace las delicias de los turistas menos exigentes.

No es ninguna novedad que en los últimos tiempos se altere la trama urbana de la ciudad medieval con objetivos confesables o inconfesables, empleando argumentos comprensibles o incomprensibles. Por desgracia, no es tampoco nuevo el cambio de nomenclatura de algunas calles del centro en función del oportunismo de cada momento. Y es que hasta el bello y evocador nombre de la calle de la Rosa es necesario que desaparezca también. Da igual que así haya sido llamada desde, al menos, principios del siglo XVII. El 10 de Enero pasado se aprobaba en la junta de gobierno local el expediente para recuperar la denominación moderna de "Padre Hortas Cáliz" y dejar en el olvido la histórica "de la Rosa". Al llegar la democracia se rescataron muchos nombres antiguos de nuestras calles. Pero a estas alturas de involución política, no son pocas, en cambio, las que se han alterado por el capricho o conveniencia de unos cuantos.

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