Enrique Gª-Máiquez

Ciudad Vieja

Su propio afán

Nuestro viejo continente necesita restrañar las cicatrices de un siglo XX que lo dejó roto para la mitad

05 de marzo 2022 - 01:36

Yo soy mi propia mayoría y casi nunca tomo mis decisiones por unanimidad, dijo Unamuno, que tenía un nombre unánime. Así que fíjense yo, que llevo un apellido dividido. Me pasa con los viajes. Por mayoría simple, he decidido que prefiero evitármelos: la vida es tan inagotable que no me canso de mi pueblo. Pero cuando he viajado a rastras, he descubierto lo que ya sabía: que también es inagotable la realidad allí donde uno va.

Hace veinte años fui a Praga. Vi algo que no olvidé. En el suelo de la Plaza de la Ciudad Vieja había una pequeña placa redonda de bronce. Ponía que ese punto era el centro de Europa.

Quedé sorprendidísimo, con la boca abierta como otra placa. Hijo de la guerra fría, para mí el corazón de Europa había estado muy desplazado al Oeste, hubiese dicho que en París con mi candidez de entonces. Tuve la sensación de cuánto nos había robado la Historia. Media Europa se había quedado tras el Telón de Acero y, con ella, el corazón del continente.

Ahora he buscado una foto de la señal y no la encuentro. ¿Será posible que la soñase? En cualquier caso, desde entonces, he visto cómo Europa iba avanzando hacia el Este con una gran esperanza. Pero apenas llegaba un poco más allá que esa placa de la Plaza de la Ciudad Vieja. El centro estaba en la frontera, casi. Lo que era una explicación simbólica de lo poco centrada que ha estado la UE.

En los mapas en que se incorpora Ucrania a la unidad al menos estratégica de la UE, sin embargo, Praga sí ha recuperado su lugar central. Ucrania, Moldavia y Georgia quieren incorporarse a la unión. Con todas las críticas que merece la UE, creo que es un hecho esencial, porque nuestro viejo continente necesita restañar las cicatrices de un siglo XX que lo dejó roto para la mitad, y aun hecho pedazos, geográfica y moralmente.

En el centro de Europa tiene que estar el espíritu del Imperio Austro-Húngaro, porque ese era su sitio. Y hay que sumar, las necesitamos, a las naciones cristianas del Este. "Hoy las nubes me trajeron/ volando el mapa de España", dice un poema del Alberti del exilio. Hoy los periódicos nos traen, dolientes, pero intacto, el mapa de Europa. En lo espiritual y político queda mucho trabajo, porque siempre queda, pero tener trabajo por delante es lo mejor que podemos esperar. Cuando Ucrania entre en la UE, si entra, meteré mis prevenciones en la maleta y me iré a celebrarlo a la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga.

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