Contante y sonante

Este tipo de paisajes hay que saberlos mirar con perspectiva y cierta ensoñación

Los diagnósticos políticos son como nuestras playas con sus ventoleras y sus mareas altas y bajas; sus domingueros y sus bañistas temerarios; sus vendedores ambulantes, sus tumbonas y sus castillos de arena. Con su mar con resaca que arrastra Dios sabe a dónde. Algunos tertulianos parecen haber sufrido una insolación y andan una y otra vez repitiendo lo mismo porque no se atreven a zambullirse de cabeza en el agua de este mar cuyas peligrosas corrientes nadie conoce. Estaba España hasta hace unos días a punto de romperse y resultaba a la vista de los más expertos y sesudos comentaristas ingobernable e irreconciliable. La derecha se sentía ninguneada mientras Pedro Sánchez se quejaba de falta de lealtad al gobierno por parte de los populares. En fin, todo feo y previsible. Iglesias, más peligroso que el bicho que se comió a su amo, servía de excusa a unos y a otros para no tener que entenderse. Días de playa desapacible con bandera roja y viento de levante. Como todos los veranos en nuestras costas. Qué sería de la vida política y de nuestras playas sin el viento de levante que todo lo remueve.

Tan mal está la cosa, la única que importa, la económica, que, de repente, el viento ha virado. Con la marea tan baja todos han empezado a hablar de entendimiento entre la derecha y la izquierda. De necesidad de consenso. De reconstrucción pactada. Y han puesto bandera verde (que es como la bandera blanca de los vientos) en esta idílica playa y han callado a Cayetana Alvarez de Toledo y a Pablo Iglesias. Han cambiado al director del diario El País y en el grupo Prisa hay una guerra de poder con el gobierno detrás y la banca enfrente. Y el PP en un primer gesto apoya a Nadia Calviño en Europa. Y hablan de reuniones secretas y de arcas vacías y del dinero que hace falta para salir adelante y de la quiebra de grandes empresas y del paro y de los presupuestos. Tienen miedo unos y otros. Para que luego digan que la playa es aburrida, que el sol quema o que la arena molesta. Por favor no me sean tiquismiquis.

Este tipo de paisajes hay que saberlos mirar con perspectiva y cierta ensoñación, dudando de su propia realidad, con la alta probabilidad de estar viendo un mero espejismo. Son bonitos como bonitos son los naufragios románticos de Turner en los que el poder violento del mar sobrecoge mucho más que cuando está calmo. Nadie tiene la receta para salir de esto, pero dicen que la unión hace la fuerza.

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