Paisaje urbano

Detrás del Gran Poder

Lo mejor que nos deja esta misión por los Tres Barrios son sin duda esas nuevas formas de mirar al Señor

Creo que lo recordaré siempre: la impactante imagen del Señor del Gran Poder con la cruz al hombro subiendo el puente haciéndose presente en el verso de Rodríguez Buzón (toda Sevilla, Señor, es borde de tu camino…), tan despacito, como tirando de las miserias del mundo, la alta silueta inconfundible navegando entre un mar de gente con la torre grande iluminada al fondo, como un faro, mientras la banda militar de lo que antes era el Soria 9 interpretaba una cadenciosa marcha procesional.

Antes, habíamos ido a su encuentro justo cuando salía de San Juan de Dios, y fuimos acompañándolo por esos escenarios tan ligados a nuestra niñez: la mole de hormigón del estadio revestida de tonos morados, los balcones al aire de los pisos de la Diputación, las torres de Huerta del Rey junto al colegio donde crecí. Viéndolo revirar hacia su frontal nos identificamos con las oraciones sencillas que rezaban algunos miembros de su comunidad educativa, y reconocimos en su rostro misericordioso a ese Dios bueno que buscaba pescadores de hombres en el mar de Galilea, del que tanto nos habían hablado en las homilías del padre Huelin, tan pegadas al Evangelio.

Hubo un momento después en que me quedé solo, y junto a sus hermanos (qué ingente labor la suya) caminé unos cientos de metros, hasta que llegando a San Bernardo el gentío se hacía más presente. Fue entonces cuando lo dejé pasar, e incluso habían pensado irme ya a mi casa, pero de pronto me vi metido en esa otra cofradía cuyos rostros me eran totalmente desconocidos, la misma que marcha detrás del Señor cada madrugada, discreta, humilde, silenciosa, la que convive más cerca de la raíz misma de la religiosidad popular. Hay, ahora lo sé, una forma muy distinta de mirar al Gran Poder.

Lo mejor que nos deja esta misión por los Tres Barrios ahora felizmente cumplida, son sin duda esas nuevas formas de mirar al Señor, y ya de paso, de mirarnos a nosotros mismos, y a nuestra forma de enfrentar las tradiciones con las lacerantes realidades sociales. Diríase que la misión, por tanto, ha estado en línea con esa concepción de una Iglesia "en salida" que reclama el papa Francisco en su Evangelii Gaudium, cuando nos pide "salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio". Ni más ni menos que lo que ha hecho otra vez más, con tanto acierto y cariño, la hermandad del Gran Poder.

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