Su propio afán

Elogio del escombro

El respetable público debe percatarse del poco respeto que le tributan sus representantes públicos

Uno de los mejores consejos que me han dado para el columnismo diario es que el artículo que uno ha escrito, ya lo publica, le guste mucho, regular, poco o nada. Habérselo pensado mejor antes de mandarlo. Así se aprende y no puede estar uno retorciéndose como una columna salomónica, azotándose en busca de la perfección. Se tira con lo que salió y mañana será otro día. Ya es bastante apretado lo de escribir al día como para andar arrepintiéndose.

El consejo es excelente, pero no lo sigo. Los consejos, incluso los mejores, no son órdenes, de manera que luego uno puede hacer con ellos de su capa un sayo. En el columnismo, el verdadero valor es de la persona que echa cinco minutos de su oro, quiero decir, de su tiempo, en echar un vistazo a lo que escribes. Tanta esperanza se merece lo mejor.

A ver, mi artículo sobre Ábalos no estaba mal del todo, o sea, que estaba a la altura del personaje. Gastaba la broma de que no era una sorpresa y citaba al muy traído y llevado Virgilio cuando le dijo a Dante: "No hablemos de ellos, sino mira y pasa". Eso era lo más valioso del artículo: volver al revés a Virgilio. Porque decía que no había que mirar las andanzas picarescas de Ábalos, para qué, pero sí sopesar el poder que ha tenido un personaje de esa calaña. El respetable público debe apreciar el poco respeto que le tributan sus representantes públicos.

Los artículos malos, cuando no se publican, te suben el nivel de los que sacas. Es como si empezases a levantar la nueva columna sobre el montón de escombros. Más alto. Ahora no recuerdo qué escritor dijo que la papelera es la herramienta más útil. Mi padre buscó, enmarcó y me regaló un anuncio de JB que se titulaba Pure Creation y en el que salía una chica pintando o escribiendo poesía en un parque a punto de sumergirse en una montaña de borradores tirados. Hoy se censuraría por antiecológico; pero entonces y ahora es un símbolo perfecto de lo que supone crear.

¿Contradice esto el consejo tan estupendo que me dieron de publicar cada día lo que saliese? En absoluto. Un consejo es para el columnista agobiado de prisas y el otro para el escritor que sabe que el tiempo es su ayudante más valioso. Quizá es que yo todavía sueño con ser un escritor, aunque tenga que derrumbar mi columna como Sansón, sobre mis hombros. Lo de Ábalos, a fin de cuentas, ya nos lo imaginamos todos y las conclusiones y los comentarios salen solos.

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