Luis Sánchez-Moliní

Fea política

¡Oh, Fabio!

No hay duda de que la democracia es el más ético de los sistemas políticos, pero también el menos estético

22 de noviembre 2021 - 01:37

Hay una condición fundamental que se les exige a los militantes de los partidos -todos, sin excepción- a la hora de entrar en cualquier mitin o congreso: dejar el cerebro en la entrada. Lo mismo les pasa a las concurrencias de ciertas discotecas y estadios deportivos, pero con la diferencia de que estas no se han propuesto la conquista y ejercicio del poder, con lo que todo es más disculpable, siempre, claro, que no se vulnere el código penal, algo que por desgracia no siempre ocurre. Los congresos de los partidos, por lo general, o son auténticas luchas en el barro por conseguir el mango de la sartén orgánica o concentraciones búlgaras en las que los líderes son tratados como dioses asiáticos, masajeados por ejercicios de peloteo colectivo que abochornan al espectador imparcial. Todo, además, aderezado con unas bandas sonoras y unas coreografías como ideadas por el hermano fracasado de Georgie Dann. Como ejemplo ponemos la entrada de Pablo Casado en el Congreso del PP andaluz en Granada, celebrado este fin de semana, a ritmo de una canción de Jennifer López. ¿Es eso lo que queda de la antaño viril derecha española? No es difícil añorar aquellos viejos mítines en las plazas de toros, en los que don Manuel Fraga exaltaba al macizo de la raza a pulmón, con su torrencial y confusa verborrea, sin necesidad de poner los 40 Principales. Allí sobraban los efectos especiales, bastaba el humo de los Farias y el refulgir de las corbatas anchas.

No hay duda de que la democracia es el más ético de los sistemas políticos, pero también el menos estético. ¿Qué habría podido rodar Leni Riefenstahl con el reciente congreso federal del PSOE? Muy poco, desde luego no El triunfo de la voluntad, la película sobre el congreso nazi de Nuremberg que la encumbró como una de las mejores directoras de cine de la historia. Si el Vaticano, la última monarquía electiva, sigue ofreciendo a la televisión una de las liturgias más depuradas del mundo se debe a su naturaleza predemocrática, ajena a las dictaduras del mercado de las ideas, las canciones de radiofórmula y los másteres de coreografía política. Siempre brillarán más y mejor las luces de Trento que las de los discopubs.

Hace tiempo que los partidos políticos se han convertido en un problema para la democracia española, tanto en el plano ético como en el estético. Nada serio puede salir de ministros que mueven el culo en los mítines o de jefes de la oposición que se hacen anunciar con Jennifer Lopez. ¿Para qué tenemos los europeos a Jean-Baptiste Lully?

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