Nicolás / Montoya

Fronteras, las de Jerez

La nicolumna

14 de agosto 2014 - 01:00

EL verano de Jerez es lo que tiene. Es tan malaje que se nos hace la boca agua cuando observamos el de otras ciudades cercanas e incluso el de algún pueblo de la sierra. Pero también nos volvemos más humildes porque acabamos por saber de qué material estamos hechos y dónde realmente estamos. En realidad, en las antípodas de otras tierras. Albarizas, de secano e incluso las de arenas de la playa. Y es curioso que hasta haya kamikazes que se vengan en pleno mes de Agosto a visitarnos , con cámara y riñonera, a expensas de acabar en urgencias por insolación y de conseguir hacernos ganar el meritorio premio de ser ciudad de destino turístico por equivocación, por lo que por esa regla de tres, nos volvemos más universales, nos alegramos de ver turistas por cualquier esquina de la catedral y pensamos que el mundo está más loco de lo que creíamos.

En estos días, lo que apetece es irse al frío de la Siberia oriental a tiritar, pero es que al parar por Alemania a tomar un tentempié, nos damos cuenta que lo de la auténtica cerveza de Munich se queda en pañales con una buena caña a pié de una playa gaditana, o que lo del croissant parisino es una fantasmada chovinista en comparación con el de cualquier pastelería del parque Atlántico. Por no mencionar que ir al mejor de los cafés de Río de Janeiro es para hacerse el haraquiri ante el café de La Moderna o que lo de descansar en Central Park no acaba de tener sentido ante la posibilidad de una siestecita nuestra de las de Agosto. La llamada de atención es significativa: como en casita no hay nada mejor. Pero como casi siempre, solo se echa en falta cuando no se tiene. Un buen remedio para no llorar es darse cuenta de lo que hay y parecernos a Job, el tan socorrido santo de la paciencia, para aguantar el chaparrón dignamente. Porque para ir a China y solo escuchar hablar inglés, mejor los chinos, los de la plaza del Arenal, y para camino de Santiago de lujo, el de la calle Nueva y el de la sempiterna rehabilitación del nuestro. Sin fronteras.

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