Editorial

Gran avance en la seguridad vial

TENÍA razones de peso el ministro del Interior, Jorge Fernández, para mostrarse contento al hacer pública, ayer, una estadística, la de los accidentes de tráfico, que ha sido en el pasado motivo de preocupación y malestar social. El dato principal es éste: 1.128 españoles perdieron la vida en accidentes de circulación durante el año 2013. Todavía son muchos, y más aún los heridos, pero teniendo en cuenta que a finales del pasado siglo la cifra siniestra se aproximaba a los seis mil la conclusión es que la sociedad española ha experimentado un gran avance en materia de seguridad vial. A pesar de que el parque de vehículos no ha dejado de aumentar y de que el mantenimiento de las vías ha sufrido un claro deterioro como consecuencia de los recortes, el caso es que nuestras carreteras son ahora más seguras y menos fuente de sufrimiento. Lo son desde 2003, ininterrumpidamente, a raíz de que las autoridades políticas empezaron a tomarse en serio un problema que aparentaba ser irresoluble. Fue tras la implantación del carné por puntos, el incremento de la vigilancia y el endurecimiento de las sanciones penales y pecuniarias por conductas negligentes y temerarias cuando se empezó a producir un giro que ahora, en la segunda década del siglo XXI, está dibujando una nueva situación en la que circular en coche o en moto ya no es tan peligroso como antes. Junto al aspecto represivo y sus innegables efectos, no conviene olvidar que se ha generado, y no sólo por las frecuentes campañas de la Dirección General de Tráfico, un incremento notable de la sensibilidad social sobre los accidentes y sus nefastas secuelas. Hay una mayor conciencia colectiva sobre la necesidad de combatir esta lacra nacional, y esa es la mejor base para que quede garantizada, dentro de los márgenes posibles, la seguridad en la circulación vial. Es cierto que a causa de la crisis circulan menos automóviles que hace un lustro, pero aun así el parque de vehículos no ha cesado de crecer, es decir, que potencialmente existen más oportunidades para que aumente la siniestralidad. Pero, sin duda, han crecido más la concienciación ciudadana y el acierto de los gobernantes en el despliegue de políticas correctas sobre el tráfico. Un acierto, además, que tiene la virtud de haber sido compartido por los dos grandes partidos políticos. Al contrario que en otras muchas cuestiones de la vida pública, en materia de seguridad vial los últimos gobiernos del PSOE y el actual del PP han coincidido en articular una política de Estado que ha dado continuidad y éxito a las iniciativas tendentes a bajar la siniestralidad en carretera. Deberían hacer lo mismo con otras políticas sectoriales. Sería mejor para todos.

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