HABLADURÍAS

Fernando Taboada

Hoy es 31 de abril

ALGÚN día, si no le ponemos remedio a esta situación (que por ahora se limita a ser desastrosa, pero que tiene toda la pinta de empeorar), en las tardes de invierno, junto a la chimenea, la abuela se rodeará de sus queridos nietos para contarles aquellas maravillosas historias de cuando en un pasado no muy remoto hubo gente que iba diariamente a trabajar. Los pequeños atenderán, con los ojos como platos y la boca bien abierta, y no acabarán de creerse todas esas fábulas sobre personajes inverosímiles que se levantaban temprano, que aguantaban horarios y soportaban jefes con tal de llevarse una recompensa a fin de mes. Y no acabarán de creérselas porque les parecerán unas historias del mismo género que esas otras que les contará también la abuela y que giran en torno a princesas encantadas, a lobos feroces que se travisten para pasar por viejecitas, o a caballeros bizarros que matan dragones en sus ratos libres.

Aunque aún es pronto para vivir ese momento en el que habrá que visitar el Museo Arqueológico para ver la momia del último ejemplar de trabajador por cuenta ajena, tendremos que plantearnos si todavía es posible salir de este atolladero en el que 20 de cada 100 personas en España (27 si esas personas son andaluzas) cuando pretenden ganarse la vida con un trabajo, deben conformarse con salir a dar largos paseos por las mañanas, resignándose a emplear las manos para lo único que ya les sirven: para meterlas en los bolsillos.

Los diputados del Congreso -entretenidos en pelearse con los que se sientan enfrente y en hacer el máximo ruido posible para que se note que están muy ajetreados- apenas tienen tiempo de tomar medidas eficaces contra la crisis. La banca, por su parte, está demasiado ocupada persiguiendo a sus morosos y patrocinando ligas de fútbol profesional, o escuderías de Fórmula Uno, como para conceder créditos a los empresarios. Y de esos empresarios, son bastantes los que lamentan que la ley laboral vigente les siga obligando a pagar sueldos, indemnizaciones por despido y seguros sociales. Los profesionales del sindicalismo, mientras, tan atareados como están en resolver los crímenes del franquismo y en subsanar las discordias de la Guerra Civil, apenas encuentran un hueco para atender las demandas que afectan hoy a los que se han quedado sin empleo.

Por ello, ahora que Jerez, que en otros tiempos fue Ciudad del Vino, que ya se había convertido en Ciudad Educadora, y que además se ha erigido últimamente en Ciudad Amuebladora (gracias a la apertura de una multinacional dedicada al comercio de armarios y tresillos), quizás fuera el momento de plantear si no nos convendría, por añadidura, y aprovechando la fabulosa cifra de parados que tenemos, aspirar a otro título más: el de Ciudad Mundial del Relax y el Pasatiempo.

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