Desde la castellana

Alejandro Daroca

Imponer, indicar y sugerir

Amedida que se acerca la fecha del 25 de marzo, día de las elecciones andaluzas, se van sucediendo las informaciones en las que se acumulan las noticias sobre los desbarajustes y trapisondas de los que han ejercido el poder en la Junta desde hace treinta años. Parece como si ante la llegada de un “tsunami” anunciado, todos quisieran abandonar el barco del que han estado chupando, mamando, comiendo y prevaricando en un compadreo ausente de controles, de interventores y de Tribunales de Cuentas. Es ahora cuando se pone de manifiesto que las obligaciones jerárquicas y las devociones de partido tenían que ser alimentadas por la mano del alpiste que, a punto de desaparecer, provoca una escapada general a la voz de “sálvese el que pueda”.

Algo de esto le puede ocurrir a Javier Guerrero, ex director general de Empleo de la Junta y principal imputado por el caso de los ERE`s, que ha cantado con moderación ante la Juez Alaya. Guerrero, que seguramente ha sido demasiado locuaz a lo largo de los 14 meses que lleva la Juez investigando el caso, parece que se ha vuelto más prudente y no da puntada sin hilo, cuando se ve imputado por seis delitos (cohecho, malversación de fondos públicos, prevaricación y varios de falsedad en documentos privados y mercantiles) que de ser condenado podría serlo hasta por veinte años de cárcel. Y ha debido pensar no solo en tratar de salvarse de la quema, sino en llevarse por delante a los que fueron sus jefes y le han abandonado a la deriva.

Por ello la finura de su declaración. Al escribir estas líneas, aún queda mucha declaración en estos días que vienen ante la Juez. Pero el que se gastaba los dineros en copas y cocaína, apunta hacia arriba con unas intenciones y puntería que da gusto. Por ejemplo, determina que los Consejeros y viceconsejeros de Empleo mientras que él estuvo en el cargo, más de ocho años, eran los que “imponían” las ayudas, y que otros Consejeros del Gobierno andaluz eran los que “indicaban” a quien debían dar los fondos y finalmente los delegados provinciales de empleo eran los se atrevían a “sugerir” otras ayudas para amigos. O sea, con nombres y apellidos, porque él no repartía los dineros sin que sus jefes estuvieran al tanto de cuanto y a dónde iban los dispendios.

Y en esta lista no se libra ni San Judas Tadeo. Desde Chaves a Griñán como Presidentes de la Junta y Consejeros de Economía, desde José Antonio Viera a Antonio Fernández –hoy, ínclito Presidente del Consejo Regulador-, como Consejeros de Empleo, desde Gaspar Zarrías hasta Agustín Barberá. Como señaló el acusado, “es un hecho objetivo que el Presidente de la Junta y su Consejo de Gobierno en pleno conocían el sistema de la concesión de las ayudas”. Baste recordar que estas ayudas eran de fondos destinados a los parados y ¡qué casualidad! todos los favorecidos eran miembros del partido o empresas cercanas al PSOE.

Ahora ha surgido lo de Invercaria. Otra empresa destinada a conceder préstamos o fondos de capital riesgo y que lo ha hecho de manera absolutamente discriminada. Como ha puesto de manifiesto el joven y prestigioso ingeniero jerezano, Cristóbal Cantos, que tuvo la precaución de grabar los despachos con su superiora, ante las divergencias entre ambos y la posibilidad de “moobing” que le acabaría costando el despido. Espero, y deseo, que el Juzgado de lo Social que atiende el tema acabe dando la razón a Cantos, porque las declaraciones públicas del actual presidente de Invercaria no se tienen de pie.

Como dice el refrán, “no todo el monte es orégano”. Y ahora se demuestra que el cortijo no era de los socialistas, sino de los andaluces todos.

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