HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

Invasión y opresión

Oímos absortos las declaraciones de los independentistas catalanes y vascos como si fueran seres acabados de llegar de otra galaxia. Por mal que nos hayan enseñado la Historia de España, por desmañadamente que esté escrita y por mala fe que los historiadores hayan puesto en su trabajo, no encontramos en España más naciones que España misma, ni vemos invasiones y opresiones en regiones españolas que han configurado su historia en igualdad con las demás, participando en sus empresas con conciencia de españolidad y voluntariamente. No sabemos en qué momento España invade territorios propios, los oprime y esclaviza, según nos quieren hacer creer los lideres políticos de Cataluña y País Vasco. No existe tal fecha ni tal hecho. Basta repasar un atlas histórico bien elaborado para saber dónde han estado vascos y catalanes desde la romanización y cristianización de Hispania.

Si no supiéramos lo peligrosos que son los nacionalismos nuevos, sin base histórica, y la mentalidad estrecha que los anima, su inevitable tendencia a los localismos, que concentran lo malo y diluyen lo bueno, pensaríamos que nos están gastando una broma, que nos toman el pelo con la complicidad del Gobierno español. Nunca nos hemos tomado en serio que una región de España quiera separarse de verdad para formar un Estado independiente. Nos ha parecido siempre una fórmula para despertar sentimentalismos populares, propios de cualquier municipio, para vociferar y armar barullo con la idea de obtener beneficios políticos y, de camino, económicos. Pero la insistencia inquieta, porque todo es cuestión de insistir en las mentiras para que el pueblo sencillo y amante de su tierra y costumbres se crea que forma una nación invadida y oprimida por España. En fin, con estas cosas lo mejor es no jugar.

Miembros relevantes del Partido Socialista también protestan y se alarman por los desarreglos e irresponsabilidades de su propio partido, que nos lleva al desorden mental y a la confusión poniendo un estatuto regional por encima de la Constitución. Toda esta trifulca es entre la clase política y no se corresponde con la realidad social, ni siquiera en el nacionalismo sangriento vasco. Nos extrañaría mucho que vascos y catalanes quisieran vivir la aventura de una independencia y engolfarse a la deriva en tal desatino. En todas las naciones, y en España también, se relatan orígenes míticos, sucesos y personajes legendarios muy antiguos, formas fantásticas y embellecidas de contar la historia, pero no son Historia, códigos morales con ejemplos, premios y castigos para los comportamientos humanos. Las estrategias políticas van por un lado y los intereses de los ciudadanos por otro. Ni con Franco hubo un divorcio mayor entre la Historia y la historia ficción, entre los gobernantes y la realidad de la calle.

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