Tribuna Libre

Juan Salido Freyre

Vicepresidente de Artes de la Academia de San Dionisio

Jerez: Economía, Patrimonio Inmaterial, Flamenco

Un catavino de jerez ante una bailaora con su mantón. Un catavino de jerez ante una bailaora con su mantón.

Un catavino de jerez ante una bailaora con su mantón. / MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ

Leo con interés diversos artículos que se vienen publicando en la prensa local sobre la posible candidatura de Jerez como Capital Europea de la Cultura en el año 2031. Me han recordado algunas de las consideraciones utilizadas en los dos artículos que publiqué en este Diario y que tuvieron su génesis por mi participación en la I Jornada Técnica del Patrimonio de Jerez.

Me permito recordar algunas de las que tuve la oportunidad de ofrecer para su estudio por la organización de dichas Jornadas: “Desde los años cincuenta, aunque sobre todo en las últimas décadas y hasta nuestros días, se introduce una nueva concepción del patrimonio ligado al concepto antropológico de cultura, que aporta nuevas perspectivas teóricas.

Este patrimonio es resultado, en definitiva, de los continuos procesos de interacción social y la confluencia identitaria. En palabras del Comité Español del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), el valor del Patrimonio no está constituido únicamente por el de los elementos físicos o materiales con que está realizado. Deviene en patrimonio en tanto que es reconocido por la sociedad como portador de unos valores materiales e inmateriales (“intangibles”), que están implícitos en él.

De acuerdo con el ICOMOS podemos considerar, desde un punto de vista subjetivo como “valor intangible del patrimonio”, aquél que responde a los factores no racionales de la naturaleza humana: sentimientos, emociones, sensaciones, sensibilidades, evocaciones, etc., así como a su inteligencia. Es un valor “subyacente” entre las formas constructivas y espaciales y constituye la esencia y el carácter del elemento patrimonial: su “alma”.

La UNESCO define el patrimonio cultural inmaterial como “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes– que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimientode identidad y continuidad y contribuyendo así, a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana”.

Por eso el Flamenco fue reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco el día 16 de noviembre del año 2010. Un arte de nuestra tierra que, hoy por hoy, trasciende de su origen natural para convertirse en una música universal como el jazz, el tango, el blues, y otras músicas de raíz popular nacidas, fundamentalmente, como necesidad expresiva de un grupo social excluido u oprimido.

Por otra parte, Jerez, al día de hoy, ha dejado de ser una ciudad mínimamente industrial. Esta realidad objetiva nos conduce necesariamente a replantear nuestra actividad productiva, orientándola, básicamente, siguiendo la estela de nuestro país, hacia el sector terciario, es decir, el turismo y los servicios. Y citábamos varias alternativas perfectamente complementarias: El enoturismo, el vinculado al caballo y al toro, el turismo rural y, finalmente el flamenco, reflejo éste, de una manifestación cultural que supone una seña de identidad en nuestra ciudad extraordinariamente significativa, y me atrevería a subrayar, que tanto por la riqueza de sus valores singulares, como por la amplia representación de sus intérpretes, no existe posible comparación en el mundo.

También comentaba algunas líneas estratégicas que permitirían concretar, impulsar y potenciar las actividades vinculadas a la defensa del Patrimonio Cultural Inmaterial de nuestra Ciudad y entre ellas: la formulación y ejecución de proyectos cofinanciables ante instancias nacionales e internacionales.Parece lógico pues, que nuestra ciudad aspire a ser designada Capital Europea de la Cultura en un proyecto, como bien se ha dicho, en el que se pudieran integrar otras ciudades de nuestra provincia que realzara y completara la oferta cultural.

Una candidatura global donde se integraran los intereses de las administraciones públicas y privadas y se consiguieran las inversiones encaminadas a reflotar, entre otras cosas, las políticas urbanísticas que dieran sentido a la rehabilitación del centro histórico de nuestra ciudad, actualmente en un estado lamentable.La competencia de otras ciudades andaluzas y de otras regiones españolas no deben acomplejarnos, pues en otros acontecimientos: olimpiadas, campeonatos del mundo de fútbol, etc., no siempre se adjudican a las inicialmente favoritas. Y, en cualquier caso, si nos obliga a realizar un esfuerzo de planificación y estructuración de nuestra ciudad a medio plazo, bienvenida sea esta oportunidad.

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