Las dos orillas

Jueces con camiseta

No sólo los presentan PSOE o PP, sino que se les etiqueta: "Fulano es conservador", "Mengana es progresista"

Uno de los aspectos más pintorescos de la reforma del Poder Judicial y de los magistrados del Tribunal Constitucional es que los candidatos están marcados. No sólo los presentan el PSOE o el PP, sino que se les etiqueta: "Fulano es conservador", "Mengana es progresista", "A Zutano lo voté con la nariz tapada y sin seguir los dictados de mi recta conciencia". Lo natural sería que los jueces y magistrados no llevaran camisetas. No fueran simpatizantes de Pedro ni de Pablo. Y digo yo: ¿no se les podría poner un VAR a los miembros del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional y de todos los tribunales en líneas generales? Aplicar el reglamento y punto. Y trazar las líneas del juego bien, sin buscar las vueltas.

Los jueces deberían ser como los árbitros. Antes eran los árbitros quienes tenían como modelo a los jueces. Incluso había jueces de línea, que ahora se llaman auxiliares, o no sé cómo. Se llamen como se llamen, siempre han sido linieres. Los árbitros, en el régimen anterior, también se dividían. No en conservadores y progresistas, sino en los que eran madridistas como Guruceta, o barcelonistas como Rigo. El señor Guruceta pitó un penalti a favor del Real Madrid en el Camp Nou, a cinco metros fuera del área, y decidió así una eliminatoria de Copa. El señor Rigo no vio dos penaltis en el área del Barça en una final de Copa que le ganaron al Real Madrid en el Bernabéu, y bajaron la Copa del Generalísimo mientras les tiraban todo tipo de objetos delante de Franco.

Con la democracia, aparecieron los jueces progresistas y conservadores, y los árbitros se dividieron en caseros y anticaseros. También había árbitros que no veían cuando el balón entraba un metro dentro de la portería, y linieres haciendo méritos para vender los cupones del 11 del 11 de la Once. Se decía: "Es que los árbitros son humanos y se equivocan". O bien: "Es que Mateu Lahoz tiene mucha personalidad". Hasta que llegó el VAR y se acabó la diversión. Todavía hay algunos que lo critican y dicen que le ha quitado espontaneidad al fútbol. Pues claro que le ha quitado espontaneidad. Y mangazos y robos también. Ahora hay que hacerlo con guante blanco y con líneas tortuosas, pero es más difícil.

Pues lo jueces necesitan lo mismo. Los jueces ya no serían conservadores y progresistas con un VAR y con un pinganillo para cuando disientan. Si hubiera un VAR judicial, y consiguieran que las leyes sean iguales para todos, a lo mejor se acababa el espectáculo de los apaños y las trapisondas.

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