Dieciocho mil euros cada semana, dicen que cobrará una niña famosa por ser hija de cierta cantante. A mí que vaya a ganar tal cantidad me da igual, aunque sea una auténtica locura propia de esta sociedad inconsciente en la que nos encontramos, lo que me da miedo es que tal barbaridad se convierta en nefasta imagen para los chavales de esa edad. A la privilegiada concursante no se le conocen estudios importantes ni interés por la cultura ni arduos trabajos de significación ni actos esforzados para con los demás; todo lo contrario, es protagonista únicamente por sus descoques, sus escarceos, sus novios, sus desplantes; incluso, por su particular relación con su familia, incluida su relevante mamá. Vamos un currículum espectacular para poder ganar dieciocho mil euros cada semana; muchísimo más de lo que cualquier trabajador obtiene en todo un año. Dile a tu hijo que estudie, que se esfuerce, que trabaje, que... para tener un futuro mejor. Y la señorita, casi ágrafa, va a ganar un pastizal sólo por ser quién es. Imagínense a los heroicos profesores de instituto intentando que sus alumnos atiendan a sus explicaciones y éstos buscando la manera de parecerse a la joven del concurso. El desenlace, desgraciadamente, es claro. Los heroicos docentes se tragarán sus explicaciones mientras los jóvenes estudiantes ansían el glamour de la que todo lo consigue gracias a las descaradas acciones de esta sociedad sin sentido. Una vergüenza, indigna de una sociedad seria. Los valores están transgredidos por estas circunstancias patrocinadas por programas infames que ofrecen basura para espectadores poco críticos e inconscientes por seguirlos. A nuestros jóvenes se les está corrompiendo sus sentimientos y degenerando su sentido común. Den la espalda a programas de ese tipo y prohiban, si pueden, a sus hijos que los vean. El futuro y ellos se lo agradecerán.

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