A rienda suelta

Pablo J. Fernández

Maldito septiembre

Parecía un espejismo en el calendario a lo lejos. Ayer mismo era junio y ya está aquí septiembre. Los pequeños que se estrenan en guarderías y parvularios lloran descompuestos mientras le dicen adiós con la mano a sus padres y abuelos en el primer madrugón del curso. El mismo dolor recorre a los que se examinan en septiembre y se preguntan por qué no empezaron a estudiar un par de semanas antes. Lloran los que se incorporan a los trabajos en estas fechas, y sufren más porque, como dijo aquél, la persona que más profundamente necesita vacaciones es la que acaba de volver de ellas. Sufren los camareros de los chiringuitos que se quedarán en paro, igual que los que hacían sustituciones veraniegas. Septiembre es el lunes de los meses. Todos los días de septiembre son lunes. Sólo los que se van de vacaciones en septiembre pueden celebrar algo, después de haber pasado los meses de calor al borde del colapso laboral. Y los que venimos a trabajar al centro también sufrimos. Vuelve la zona azul por las tardes.

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