EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Micro y macro

HAGO un pequeño viaje en autocar en vísperas de la operación salida de las vacaciones. Veo ese paisaje de suburbio que no suele aparecer en las series de televisión ni en las películas españolas: estaciones de autobús, parques de extrarradio, bloques impersonales de pisos, polideportivos, rotondas con una escultura que pretende honrar la figura del pescador o del minero, y modestos colegios públicos con nombres del inventor de la penicilina o del telégrafo. Y en un momento dado veo a una pareja joven que mira cómo su hijo se desliza por un tobogán, en uno de esos parques que quedan a las afueras de los pueblos, con frecuencia cerca de la estación de autobuses o del cementerio municipal. Imagino que esa pareja, dadas las perspectivas, no se irá de vacaciones este año, ya que sus expectativas deben de ser más bien sombrías, pero al menos tiene ese pequeño desahogo del parque con su tobogán y sus columpios.

Por lo demás, ese parque tiene el césped reluciente y los bancos recién pintados. El paisaje de suburbio que he visto también es un paisaje cuidado, limpio, funcional y razonablemente decente. Hay muchas cosas de las que no nos podemos sentir orgullosos en Andalucía y en el resto del país, pero nadie puede negar que determinadas cosas se han hecho muy bien. Y entre esas cosas incluyo esos parques de extrarradio, esos colegios, esos polideportivos y esos bloques de pisos de diseño funcional y modesto, pero casi siempre digno y a veces incluso elegante.

Digo todo esto porque creo que en estos últimos treinta años hemos acertado en la micropolítica, mientras que nos hemos equivocado por completo en la macropolítica. Dicho de otro modo, hemos acertado a la hora de construir colegios y parques y estaciones de autobús en las zonas que más los necesitaban, mientras que nos hemos equivocado a la hora de diseñar los planes de estudio que se debían enseñar en esos colegios. Nos hemos equivocado al crear unas administraciones elefantiásicas y una sociedad sin espíritu crítico ni iniciativa emprendedora. Pero hemos acertado al apostar por la pequeña política municipal de los polideportivos y los colegios de ladrillo visto. Y por la misma razón, nos hemos equivocado en la obsesión por invertir en gigantescos proyectos de obras públicas, casi siempre innecesarios e insostenibles, mientras que lo hemos hecho bien al invertir en humildes parques de extrarradio: parques como ése en el que juega un niño a la puesta del sol, mientras sus padres, que saben que les ha tocado vivir una época muy dura -sin expectativas laborales ni esperanzas de mejora-, miran cómo su hijo se desliza feliz por el tobogán, justo al lado de la estación donde paran los autobuses que se llevan a los veraneantes al mar.

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