A RIENDA SUELTA

Leonor de la Calle

Nomofobia, miedo a salir sin el móvil

AYER, tras aparcar el coche para ir a trabajar, fui a echar mano al bolsillo de la chaqueta en busca del móvil y no lo encontré. Empecé a buscar como una loca por el bolso, el asiento e incluso el suelo del interior del coche como si me fuera la vida en ello. ¿Qué haría yo toda una tarde sin mi querido y preciado móvil? Por mi mente empezaban a aflorar posibles soluciones para solventar 'el problema'. Por la noche había quedado con mis amigos y tenía varios mensajes importantes que responder a través el móvil. Quizás podría hacer memoria y enviar un correo electrónico a alguno de ellos. Y a mi madre, por supuesto, que aunque no me suela llamar en horas de trabajo, esa tarde seguro que surgiría algún asunto urgente y me llamaría una y otra vez en bucle. Ya se sabe, la ley de Murphy. Justo cuando comenzaba a asumir que me esperaba una tarde de incomunicación y destierro absoluto, volví a meter la mano en el bolsillo y allí estaba. Pobre de mí, vaya nomofóbica (del inglés 'no-mobile-phone phobia') estoy hecha.

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