Habladurías

Fernando Taboada

Pedagogía y pornografía

ES el turno de los jueces. Creo que son de los pocos que quedaban por dejar a los profesores a la altura del betún. Pero nunca es tarde. Si ya los docentes estaban alcanzando unos niveles de degradación considerables, ahora es el Tribunal Supremo andaluz el que ha dado un paso más en la carrera por rebajarlos a la categoría de rumiantes. No es suficiente la vuelta de tuerca que ha dado la Administración ofreciendo a los profesores una roñosa propina a cambio agachar la cabeza y reconocer que estaban haciendo su trabajo bastante peor de lo que podían. No bastaba con recompensarles, como se recompensa a los potros con un azucarillo, por aprobar al máximo posible de alumnos. Ahora, para no perder el ritmo, una sentencia judicial ha vuelto a dejarles con el culo al aire dando la razón a un alumno que se negaba a entrar en clase. A la clase de Educación para la Ciudadanía. Y digo yo, ¿por qué no obligan ya a los profesores a limpiar los zapatos de sus alumnos y a entrar en el aula con una nariz de payaso?

Alega la madre del alumno absentista que ella no está dispuesta a ver cómo a su hijo le llenan la cabeza de ideas escandalosas. Y qué razón tiene, más que una santa. Porque ¿acaso tiene un crío que oír que los homosexuales no deberían estar todos encerrados en el manicomio? Lo que hace falta es que cunda el ejemplo y se empiece a plantear la objeción de conciencia contra el resto de asignaturas. Pensemos en la Filosofía. ¿Sabían ustedes que en esa materia se estudian las teorías marxistas y las ocurrencias de Nietzsche, que ni siquiera iba a misa los domingos? Luego viene la Historia del Arte, donde lo mismo dan bombo a las obras de un crápula como Picasso que sacan a relucir al autor de La Maja Desnuda. O el francés. No está de más dominar idiomas, pero ¿nadie ha pensado que a las criaturas que aprenden la lengua de Balzac les están brindando la posibilidad de leer a Apollinaire, que entre otras guarradas escribió Las once mil vergas? Poco protestan esos padres, porque cuando se enteren de que en Ciencias Naturales se aprende todo tipo de cochambrerías sobre el cuerpo humano y sepan que en las clases de Educación Física los niños se mezclan con las niñas como si el patio del colegio fuera una bacanal, van a tener los jueces que permitir que muchos alumnos abandonen sus estudios a los cinco años.

Es una pena que cuando a mí me tocó pasar por el instituto no hubiera jurisprudencia al respecto porque a lo mejor, alegando mi repugnancia moral hacia los logaritmos neperianos, o hacia aquella trigonometría saturada de senos y de tangentes, me habría librado de muchos sofocones. Pero me alegro por los estudiantes del futuro. Con suerte completarán su formación sin pervertirse con las enseñanzas diabólicas de la Historia, el Inglés, la Física y la Química.

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