La esquina

josé / aguilar

¿Prohibido girar a la izquierda?

LA conferencia política le ha salido bien a Rubalcaba: impuso su hoja de ruta quedándose al frente del timón y aplazando las elecciones primarias, lideró una renovación en la que lo único que no se ha renovado es él mismo y su equipo y reconstruyó la alianza con las federaciones socialistas de Andalucía y Cataluña -cuya aportación a los triunfos del PSOE ha sido siempre imprescindible-, aunque la vuelta al redil del PSC de Pere Navarro se confía, en realidad, a un agente externo. A que Artur Mas convoque el referéndum independentista sin permiso del Gobierno, lo que llevaría Navarro a desmarcarse del nacionalismo salvando la cara.

Parece mentira que, con este balance, el secretario general socialista haya cometido la torpeza de clausurar la conferencia al grito de "¡El PSOE ha vuelto!", objeto de toda suerte de chanzas y descalificaciones. ¿Reconoce que el PSOE se había ido de vacaciones y ha regresado casi dos años después de su derrota? Malo. ¿Quiere decir más bien que ha vuelto a los orígenes y que después del desconcierto ahora ya ha recuperado sus auténticas señas de identidad socialdemócrata? Casi peor.

El PSOE ha dado un giro a la izquierda, según se trasluce en las declaraciones de sus dirigentes y se deduce de las conclusiones de los debates. Es la respuesta al malestar social creado por la crisis y las políticas del PP, y también el mecanismo de búsqueda del electorado más progresista que se ha ido con Izquierda Unida. Tiene la ventaja de que zanja la ambigüedad del socialismo y rectifica las concesiones, si no traiciones, del último Zapatero.

También tiene inconvenientes. Al escorarse a la izquierda -si los votantes le creen, que está por ver-, el PSOE pelea en el caladero del voto más ideológico y politizado, pero a costa de espantar el voto centrista y moderado, aparentemente más numeroso que el otro. Me refiero a esos cuatro o cinco millones de electores "volátiles" que van del PP al PSOE y viceversa, en función de sus ofertas, candidatos y coyunturas. Comprender la importancia, en España, de este centro sociológico a la hora de ganar elecciones fue una de las mayores virtudes de Felipe González, que renunció al marxismo, hizo la reconversión industrial, reformó por vez primera las pensiones y se saltó más de un mandamiento de la tradición socialista. De este modo pudo gobernar catorce años.

Les digo la verdad: me asaltan las dudas sobre lo que le conviene al PSOE.

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