Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Realpolitik en el Guadalquivir

Las expectativas de nueva política que significó la llegada de Espadas quedan por ahora en un quiero y no puedo

Quizás nunca sepamos con detalle si a Juan Espadas le han temblado las piernas en el último momento o, como sostienen en su entorno, desde el Palacio de San Telmo se ha hecho todo lo posible y algo más para que la negociación del Presupuesto que debía poner la bases de la recuperación económica y social en Andalucía fracasase. Pero lo cierto es que cuando el todavía alcalde de Sevilla hizo su oferta de pacto al presidente Juanma Moreno dio una muestra de realismo político que le hizo ganar enteros, recién aterrizado como estaba en la política andaluza.

El mensaje que mandaba estaba claro: se deja atrás la política de cerrazón y lamento por la pérdida de poder que había significado Susana Díaz y se abre una nueva etapa en la que, tras la durísima emergencia sanitaria, las luchas de partido e incluso las ideologías quedan en segundo plano y se anteponen intereses generales. Realpolitik, bajo los principios con los que la formulara Bismarck en el siglo XIX y de la que hicieron bandera algunos cancilleres alemanes del XX, pero imposible de aplicar, cuando tanta falta haría, a orillas del Guadalquivir.

En este caso salen perdiendo los dos, el presidente de la Junta y el aspirante, pero el peso del fracaso recae más en el que lanzó la oferta de acuerdo y luego no ha sido capaz de llevarla a término. El proyecto de Presupuesto elaborado por el consejero Juan Bravo no contenía medidas ideológicas que marcaran líneas rojas que no pudieran atravesar los socialistas.

Pero también parece fuera de duda que desde el principio las propuestas que llevaba Juan Espadas fueron ninguneadas y ni tan siquiera se tomaron en consideración.

El Presupuesto se presentó como un todo cerrado. De hecho, en el puente de mando de la Junta, donde todo lo mueve y lo controla Elías Bendodo, nunca se dio credibilidad a un posible pacto presupuestario y desde el principio se aseguró que no lo iba a haber.

El desenlace no favorece la posición de Juan Espadas, que llega al congreso que su partido está celebrando este fin de semana en Torremolinos -el primero que hace en la oposición- sin haber cumplido las expectativas de renovación interna y de cambio de discurso externo con las que llegó, tras la complicada cirugía que supuso la renovación del liderazgo del PSOE andaluz.

La negociación con la Junta era la piedra de toque de una nueva forma de hacer política en Andalucía que, por ahora, se ha quedado en un quiero y no puedo.

Espadas sigue consumiendo meses sin cerrar su relevo en el Ayuntamiento de Sevilla y sin darle al PSOE andaluz un nuevo giro que lo separe de tiempos pasados. Y eso también sería ua muestra de realpoltik.

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