la ciudad y los días

Carlos Colón

Sainete de autobús

INVARIANTES castizos de las costumbres españolas, que no de la arquitectura según Chueca Goitia. El sábado veía Los que tocan el piano, emitida por TVE para celebrar los 90 años de vida del gran Tony Leblanc. Es una versión un poco desmejorada -pero de apabullante reparto: además de Tony Leblanc, Concha Velasco, Alfredo Landa, José Sazatornilo, Pepe Bódalo, Manolo Gómez Bur, Tomás Blanco y Rafaela Aparicio- de la estupenda Los tramposos, rodada una década antes y también interpretada por Tony Leblanc junto a otro lujoso reparto: Concha Velasco, Antonio Ozores, Laurita Valenzuela, López Vázquez, Gómez Bur y Jesús Puente.

Pero a lo que íbamos. Veía el sábado Los que tocan el piano, sainete de mangantes de poca monta, y dos días después me veo metido en la película. Es más, ni tan siquiera en Los que tocan el piano, a la que Dibildos dio un toque de modernidad, sino en Los tramposos.

El escenario, un autobús. Los personajes principales, dos señores mayores que se encuentran y se cuentan sus cosas. Los secundarios, algunos compañeros de viaje urbano; sobre todo una señora entrada en años y carnes de simpatiquísima apariencia. Como aquí se habla alto (por no mencionar los berreos a través del móvil) al poco estábamos todos al cabo de la calle de la conversación mantenida por los dos amigos.

Se quejaba uno de ellos de haber estado en la cárcel por un robo de poca monta. En concreto, un cochino. "Si no llega a chillar, no me cogen", decía. En ese punto la señora gordita, que seguía con el máximo interés las aventuras del modesto Rocambole porcino, no se pudo reprimir, pasando de pasivo aunque muy interesado testigo sedente a participante activo: "¡Y el Urdangarín ese en la calle!", dijo. "Porque robó mucho -le respondió nuestro protagonista-. Si llega a robar poco, lo encierran". La presunción de inocencia nunca ha sido popular. Siguió a esto un vivo debate sobre éste y otros sucesos de actualidad relacionados con el séptimo mandamiento.

En eso la estrella indiscutible de esta Clave en autobús y sin Balbín pidió la palabra y dirigiéndose a la gordita le dijo: "La cosa es muy sencilla y se la voy a explicar yo. Si lo meten en la cárcel tienen que meter con él a su mujer, y a su cuñada, y a su marido, y a todos… ¿Y entonces qué va a pasar? ¿Se van a quedar solos los viejos?". Lo que dio lugar a otro debate sobre la monarquía digno del Comité de Salvación Pública revolucionario en su paroxismo jacobino.

En esto el actor principal se bajó del autobús y me dejó preguntándome si había sido víctima de una broma o de una cámara oculta. O si, tal vez, el mundo de Los tramposos y Los que tocan el piano sigue vivo.

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