Las dos orillas

Santiago

No sabemos si el panfleto de Memoria Democrática que dejó Carmen Calvo se ampliará a la batalla de Clavijo

Hoy es la fiesta de Santiago, patrono de España. Es un santo de sólido prestigio y acrisolado arraigo en la historia de nuestra patria o matria. En su viaje por estas tierras propagó el cristianismo, por lo que le debemos estar agradecidos, pues evitó que hubiera más bárbaros de los que todavía existen en este país. Aportó civilización y una religión que se basa en el perdón, aunque en la iconografía una de sus representaciones más populares es como matador de moros. Una leyenda discutible. En el siglo I, cuando llegó, no había moros en Hispania. El aprecio de los políticos por Santiago es evidente: ha dado nombre a algunos de ideas tan opuestas como Carrillo y Abascal. Es decir, te puedes llamar Santiago y ser del PCE o de Vox, según las líneas rojas. El Rey o su representante le presenta un voto en la catedral compostelana, y aún no se lo han prohibido.

No sabemos si el panfleto de Memoria Democrática, que dejó como herencia la ex vicepresidenta Carmen Calvo, se ampliará hasta la batalla de Clavijo (año 844) para revisar lo ocurrido. No sea que quieran prohibir a Santiago en los callejeros, monumentos e incluso templos, por ser franquista, y por rebanar la cabeza a muchos moros. Así se le representa en la iconografía del caballo blanco, que evoca su supuesta aparición en la batalla de Clavijo, aunque había fallecido ocho siglos antes, decapitado por orden de Herodes Agripa en Jerusalén.

La leyenda de Santiago Matamoros creció porque con los sarracenos hemos tenido nuestros más y nuestros menos. Es conocida esta coplilla: "Vinieron los sarracenos/ y nos molieron a palos;/ que Dios ayuda a los malos/ cuando son más que los buenos". A la que el laureado poeta Juan Eugenio Hartzenbusch, autor de Los amantes de Teruel y cantor de los héroes hispanos en África, en una décima de 1860, añadió lo siguiente: "Así dice, por lo menos,/ una copla urdida mal,/ pues en examen formal/ nos ofrece su remate/ un blasfemo disparate/ y una mentira historial".

De la guerra de África, el desastre de Annual, la guardia mora de Franco y el Sahara se pasó a la Alianza de Civilizaciones con Zapatero y a la invasión de Ceuta con Sánchez. En estos días, muchos cristianos y algunos ateos recorren el camino de Santiago, que recuerda al Apóstol que trajo a España la religión cuyos templos fueron quemados en la guerra civil (y unos meses antes también). Esa vez no fueron los moros.

Hoy, en el día de Santiago, podemos ver que la historia se cuenta según interesa al contador. Santiago no degolló a ningún moro, y fue él quien murió decapitado.

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