Tribuna libre

Anselmo / Spínola

De la Semana Santa de los 'señoritos' a la de los 'canis'

A nadie -medianamente informado- escapa el hecho de que la grandeza de la Semana Santa Jerezana se le debe a los señoritos. Los grandes pasos de la ciudad bien podrían llevar bordadas las iniciales o el nombre completo de la persona que los compró y los pagó. Igual alguno lo lleva.

Los felices años 20 del mismo siglo provocaron, entre otras cosas, que las cofradías sevillanas enloquecieran encargando nuevos pasos y desprendiéndose de los realizados apenas veinte años antes. Y, como si de un cambalache se tratara, los mandaban a los pueblos por cuatro chicas. Las rancias cofradías de Jerez se beneficiaron del trapicheo, no tanto por la sagacidad u olfato artístico de sus próceres, como por la emulación de sus maestrantes parientes sevillanos y adquirieron buen género, de segunda mano y a buen precio.

Y vino la guerra

Terminada la contienda y, en clara acción de gracias, los vencedores que disponían de los capitales oportunos y estaban recién ennoblecidos por un Alfonso XIII que dio títulos en este pueblo a diestro y siniestro, también reinventaron cofradías olvidadas a golpe de talonario y encargaron maravillosos pasos, no ya de segunda mano, sino del paquete.

Y con aquellas rancias Cofradías y estas nuevas Hermandades cuajó la grandeza de la Semana Santa de Jerez, a finales de los años 50 del siglo XX. Después, algún verso suelto del mismo poema y, nada más.

Y vino la democracia

Y todos fuimos iguales. Y sobraban los señoritos de las Cofradías y se les hizo ver y ahuecaron el ala, de puntillas y sin reconocimiento alguno. Y llegó un pueblo bienintencionado pero ignorante e incapaz de hacer nada nuevo y la Semana Santa se estancó.

Las cofradías de medio pelo, que también había alguna, siguieron en su monótona mediocridad, sin brillo ni lustre. Y cuando creíamos que era imposible empeorar…

Y llegaron los 'canis'

La gente de abajo. Entraron por abajo pero han sacado la cabeza por arriba y, de qué forma. Copan las Juntas de Gobierno. Encargan pasos de misterio como trolebuses, que tardan siglos en dorarse, cuando no terminan barnizados. Los palios los bordan las máquinas o son de recortes 'resultones'. Ya no se emula a los maestrantes de Sevilla sino a los capataces chabacanos de Triana. Ya no se hacen cosas de señores, sino de 'canis' y de 'chonis'.

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