La columna

Bernardo Palomo

Trágica decadencia

A pesar de que los contactos engañosos para buscar candidato a ser investido como Presidente de nuestro Gobierno acaparan la unánime atención; además de sus esquivas proposiciones, de sus interesados planteamientos que sólo van buscando el poder por mucho que se les llene la boca anunciando que lo hacen por España y sus habitantes; fuera de los mentideros políticos, de las sedes de los partidos, incluso, de los augustos salones del palacio donde habita nuestro Rey, existe vida, aunque ésta penda de un hilo para millares de pobres que día a día ven como la única forma de escapar de las bombas asesinas es cruzar un mar siniestro de aguas tan poco fiables como el suelo de los territorios de donde escapan. En los últimos días hemos asistido impávidos a la sempiterna llegada de pobres refugiados en esas condiciones tan tremendas que nos hacen encoger el alma. Nuevos desembarcos y, desgraciadamente, nuevos naufragios y más, muchos más, seres indefensos ahogados en las frías aguas de un mar implacable. Las noticias, a pesar del protagonismo de nuestros engañosos políticos, estremecen y levantan ampollas de impotencia. Pero, sobre ellas, más allá de las propias imágenes y del descarnado dolor que producen, se ofrece un dato, todavía más horrible. Además de los niños muertos, de los pobrecitos indefensos que consiguen llegar en brazos de sus padres, hay miles de niños desaparecidos que pueden haber caído en manos de mafias con esos fines demoniacos que no merecen ser nombrados. Huir del horror de la guerra para caer en manos criminales es una trágica esperanza para un pueblo que sólo ve la salida europea a sus duros problemas. Eso es una parte de lo que ofrece el primer mundo, además, de incertidumbre, rechazo, incomprensión… Y mientras, algún ilustre politiquillo, repartiendo ministerios.

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