Veinte años después

Empieza a dar la impresión de que lo que preocupa tanto no es el pasado de algunos de Vox, sino su futuro

Como la memoria histórica -según contra quién- está de moda, hay cierto escándalo por un capón inoportuno que hace veinte años Kiko Méndez-Monasterio, asesor de Vox, propinó a Pablo Iglesias. Al de Podemos, no al del PSOE, aunque por la cronología casi podría ser. Nos perdemos lo esencial, aunque está grabado. Cuando una periodista entrevistó al joven Iglesias el día después del incidente le preguntó con voz preocupada: "¿Cómo estás?", y el joven Iglesias, vocación temprana, contestó: "¡Muy bien!", exultante de salir en los medios. No hay más preguntas, señoría.

Para defender a Méndez-Monasterio algunos han pulsado el botón del 'Y tú más', recordando el pasado verdaderamente violento o directamente asesino de otros. No hacía falta. Dos collejas al Coleta, por muy mal que estuviesen, no merecen esas comparaciones tremendas, sino una contextualización histórica.

En los noventa había aún mucha pasión política en las universidades. El pasotismo se extendía, pero no era universal. Algunos, transidos de literatura e ideales, echaban sus duelos como mosqueteros. Es lógico que los políticos de ahora saliesen del cascarón al calor de aquella pasión, como ha pasado siempre. Lo interesante es la evolución. Méndez-Monasterio nos lo pone fácil porque tiene escrita y reeditada una excelente novela con tintes autobiográficos: La calle de la luna.

Es un canto a la libertad enfebrecida de entonces y un desdén por 'los universitarios clónicos'. Pero también hay decepción. Una soleá de José Luis Tejada profetizó el libro: Tú has de llegar paso a paso/ de la calle de la Luna/ hasta la del Desengaño. Méndez-Monasterio da esos pasos: "Sí, matamos todo lo que queremos. Por querer poseerlo, lo matamos". Aunque es capaz de autocrítica: "Qué modernos, los clásicos; o qué antiguos, nosotros". Y de aprender la lección: "Cuando se ríen de uno mismo no pasa nada si lo adviertes a tiempo. Incluso es positivo porque corrige, endurece, educa".

Méndez-Monasterio es ahora un intelectual de peso de paso por la política que ha sabido leer los tiempos. Su enfrentamiento con Pablo Iglesias dejó hace un siglo de ser frívolo y mimético. Hoy libra una batalla de ideas y propuestas. Lo que preocupa a los que le atacan por la espalda del tiempo no es lo de hace dos décadas, sino lo de dentro de veinte días, en las elecciones generales. Esta vez, cuando le pregunten a Iglesias, no va a decir "¡muy bien!"

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